Brankias bajo el agua

UNO
Me están llegando, junto con los extractos del banco, unos papeles con letra diminuta en los que se me dice que dejo de estar en Caja Madrid y que ahora estoy en Bankia. Lo explican todo con una minuciosidad tal que no me entero. Dicen que lo hacen por mi bien, para mejorar. Y que voy a tener que pagar más comisiones por los mismos servicios. Estoy encantado.

Tampoco sé quien ha elegido el nuevo nombre. Aunque intuyo que el que lo ha hecho se habrá llevado una pasta. Pero sigo sin entender lo de Bankia. Ni siquiera suena bien.

Es cierto que ya apenas se utiliza, pero “quia” según el diccionario de la RAE es una interjección:
1. interj. coloq. U. para denotar incredulidad o negación.

Esto, entonces, empieza ya a tener sentido. ¿Bancos?: quia. Bankia, pues tampoco.


DOS

Esto sí que es una lectura recomendada para este verano. El título, ya sé, es poco atractivo: Folleto informativo; y el subtítulo, pues aún menos: Oferta pública de suscripción y admisión a negociación de acciones de Bankia, S.A. Pero contiene pasajes muy interesantes. (Tampoco entiendo muy bien por qué lo llaman folleto cuando tiene más de 400 páginas)

Los personajes de la obra resultan fascinantes. Los tres principales se caracterizan por el morro. Lo tienen descomunal, pero nunca se lo pisan porque son muy hábiles. Aunque nosotros sí que nos tropezamos con ellos. El que manda se llamaba Rodrigo Rato, pero ahora, en las cartas que me envía, firma Rodrigo de Rato. El segundo de a bordo es un tal José Luis Olivas, al que conocí por un interesante articulito publicado en El País.

Su currículum no es malo del todo: prestó desde el Banco de Valencia tres millones de euros a Jaume Matas para que pagase su fianza en un proceso por corrupción; como consejero de Hacienda valenciano triplicó la deuda de su comunidad en años de bonanza; participó en la conversión de las cajas en coto privado del poder autonómico; y convirtió a Bancaja y la CAM, en accionistas señeros y garantes de negocios ruinosos, como el de Terra Mítica. El tercero se llama Francisco Verdú, y también se va a llevar un pico.


Según desglosa el texto, entre los tres, se llevarán para la buchaca una remuneración anual de un máximo de 10,1 millones de euros (vamos a decirlo en pesetas: 1.680.498.600 millones de pesetas al año), y como se les hacía poco, habrá que sumar otras cuatro aportaciones: 1,8 millones (unos 300 millones de pesetas) por los seguros de responsabilidad civil, salud y vida o incapacidad total; otros 1,2 millones (unos 200 millones de pesetas) en concepto de planes de pensiones por lo que pudiera pasar en un futuro, más otros 300.000 euros (apenas un pico de unos 50 millones de pesetas) entre dietas y el sueldo de consejero de la entidad. (Joder).

Lo que no aparece en el folleto es cómo se articulará el reparto de esos 13,4 millones (este bonito total de 2.229.572.400 millones de pesetas). Tiene que ser divertida la reunión. Seguro que se ponen de acuerdo. Hay para todos. Además, los consejeros ejecutivos tendrán derecho a una indemnización (no cuantificada) en caso de separación o cualquier otra forma de extinción de la relación jurídica con el Banco no imputable al consejero. Y como parece complicado llegar a fin de mes con esto, han estipulado unas dietas por la pertenencia a comisiones y un complemento del 20% en acciones, títulos que estarán disponibles a los tres años de su entrega efectiva, independientemente de si abandonan la entidad.

No me digan que no se lo han montado bien estos tres pájaros. ¿Crisis?. Menos mal que no las oímos. Sus carcajadas quedan convenientemente amortiguadas por las muelles moquetas de sus despachos.

(Mi hermano me suele decir que lo más interesante de los periódicos siempre está en las páginas de economía).

TRES
En el cartel de la nueva Bankia aparece un presumible cliente de la entidad subido a un árbol seco y dando alaridos de indignación. No es para menos.


CUATRO

Ya sé que no viene a cuento. (Nada en este blog viene a cuento. Con este final solo pretendo quitarme cierto mal sabor de boca). Pero hablando de Bankia, me he acordado de una bonita canción de Derribos Arias. (¿Alguien se acuerda todavía de Derribos Arias? ¿Del sin par Poch?) Se llama Branquias bajo el agua. Creo que ya estamos listos para la inmersión.

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