Las puertas del campo


La vieja cancela descansa sobre la pared de piedra. Ya ni se cierra ni se abre. Ya no chirría. Fueron las puertas del campo hasta que dejaron de serlo, un buen día, un día como otros. Ahora, el óxido y el desuso le prestan un aura de inútil belleza.

Cuando giraba sobre sus goznes en un gruñido para nosotros ininteligible, nos estaba intentando decir algo, cosas relacionadas con la percepción de la realidad y el sentido de la vida, cosas que nunca supimos traducir ni entender.

Es curioso, pero me parece que incluso echa de menos el candado.

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