Aunque pudiera parecer inexacta

La vida, me refiero. Así, en general. A las cosas que pasan y nos pasan. Tan previsibles unas veces como inesperadas otras. Tan inesperadas otras veces como irrefutables siempre. La vida es extraña y predecible. Como si de un sorteo con trampa o de una competición previamente amañada se tratara, y en la que, sin embargo, nos sorprende siempre el resultado.

A estas alturas de navegación decido, por falta acaso de otros recursos, intentar explicar la frase del frontispicio que acoge invariablemente estas entradas. Aunque probablemente no haga más que añadir un poco de confusión. Porque cuando me explico, me lío.

Acudo entonces al diccionario de la RAE, en el que encuentro:

Y lo que hago en este cuaderno trata precisamente de eso, de buscar, de encontrar o, a veces, de toparme con cosas que, aunque pudieran parecer inexactas, son textuales; que, aunque pudieran parecer extrañas, increíbles, ridículas, banales o disparatadas, sencillamente son, existen, conviven con nosotros llegando a conformar nuestra existencia.

Intentamos, no se sabe muy bien por qué, llevar una vida ordenada, y esto, al final, provoca que andemos con los nervios alterados. Cuando tal vez deberíamos atrevernos a hacer lo contrario. Llevar una vida desordenada pero más armónica. No sé. No parece un mal proyecto: recoger los bártulos e irse con viento fresco.

Y no hacer balance. Hacer balance es algo tan peligroso como inútil. Y, total, para darnos cuenta de que nos hemos pasado la vida circunvalando nuestro propio desastre. Y que cuando uno ha deseado cosas, la vida se ha encargado enseguida de ponerlas en ridículo.

Porque, aunque no te muevas, la vida da muchas vueltas. O tal vez demasiado pocas, por mucho que lo hagas. Pero con los años, empezamos a darnos cuenta de que, si uno ha sobrevivido, es gracias a los errores de cálculo. Tan felizmente nos equivocamos. Menos mal. Y así, de esta manera, como se suele decir, vamos tirando.

A estas alturas no nos queda más remedio que dejar la servilleta sobre la mesa y pedir la cuenta. Muy seria, aunque con un rictus extraño, la vida, en silencio, moviendo el lápiz sobre la libreta, ensimismada, suma perplejidades mientras resta posibilidades. El resultado final siempre se aproxima a cero.

Pero ya puedo decir misa. Y ponerme incluso pseudofilosófico. Y seguir poniendo sics entre paréntesis. Da igual. La vida sobrevive.

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