Un buen día

Guardamos cosas hasta que un buen día las tiramos.

Cosas que inexplicablemente nos gustaron y cosas que, aunque no nos gustaron, inexplicablemente guardamos, cosas que compramos o que nos regalaron, valiosas y sentimentales, sin ningún valor o que nada significan ya, simplemente estuvieron -están- ahí durante años, y que todas juntas, acumulándose, cuentan una extraña, ininteresante y ridícula historia: la nuestra.

Cada cierto tiempo, si hay una mudanza o hay que pintar la casa o sin otro motivo que el de sacar lo que hay en los armarios para volver a ordenarlos y hacer sitio, entonces, lo que fue guardado con cierto cariño o inexplicable respeto, es apartado definitivamente, tampoco se sabe muy bien por qué, pero lo cierto es que aparece, al cabo, desventrado junto a los cubos de la basura, indefenso y con una pueril obscenidad. Ahí acaba todo.

Entonces otras cosas nuevas sustituirán a esas cosas viejas. Y la historia se repetirá. Aunque con algo menos de convicción.

El hombre es un animal que guarda cosas y que luego las tira. Un buen día.

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