Como una cabra


Sí, así. Exactamente como una cabra. Pero como una cabra en un vertedero, expectante, inquieta, entusiasmada y casi feliz, indecisa ante tal cantidad de despojos y desperdicios, luciendo espléndidos y malolientes al sol de la mañana, nerviosa y anhelante en ese paraíso que se empeñan en llamar muladar, basurero o escombrera. Cuando es, en realidad, como la tienda gourmet de El Corte Inglés, y se pasea por ella despacio, con su viejo, gastado, pero elegante aún, abrigo de pellejo, elevando el hocico, con cierto orgullo prehistórico, mientras selecciona entre los montones de basura lo que más le apetece.

No sabe muy bien por dónde empezar porque lo tiene todo. Más o menos como nosotros.

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