La propiedad fosfórica del seso

(Sí, así, con ese)

En una -otra- innecesaria pirueta, nos vamos de un salto desde el siglo X -donde dejamos al buen conde castellano cambiando de caballo- al siglo XIX. Mucho más cercano y aburrido.

Entretenerse ese par de horas muertas que vienen a tener casi todas las tardes de los sábados leyendo -h/ojeando más bien-  algunas poesías de Campoamor no es muy recomendable. Ni siquiera cuando el aburrimiento es feroz o se está incubando un catarro.

Don Ramón de Campoamor (1817-1901, poeta malo nunca muere), una de las más altas luminarias de nuestro penoso siglo XIX, es un poeta nefasto -no se me ocurre otra palabra más adecuada- que, sin embargo, reconozco como una de mis escasas y más poderosas influencias.

No sé si en la wiki o en algún otro sitio de eruditos de la red hablan de “un agudo ingenio acompañado de una sutil ironía y no exento de momento de afortunado humor; intencionalidad práctica; rasgo de claro matiz conceptista; un más que accidental prosaísmo no siempre reñido, bien es cierto, con detalles de alta calidad poética”. Bueno, pues no les hagan caso. Nada de nada.

A Luis Cernuda le gustaba (sic) y valoraba en él “haber desterrado de nuestra poesía el lenguaje preconcebidamente poético”. No solo lo desterró, es que lo condenó a un campo de exterminio. No se puede empezar –el primer verso es alucinante– una tirada de versos de esta manera:

Cultivando lechugas Diocleciano,
ya decía en Salerno
que no halla mariposas en verano
el que mata gusanos en invierno.

Y la cuestión es que el tío se quedaba tan ancho. Incluso llegó a senador o algo así.

A veces, como en este caso, el ingenio se queda a la altura de la letra de una canción de pop latino:

…que salen al camino
haciendo eses de amor con las caderas…

En fin. Vamos a dejarlo. Y esperemos que el catarro no vaya a más. Que se quede en una cosa nasal de un par de paquetes de kleenex. Así que termino con uno de sus arranques de alta poesía:

¡A cuánto exceso arrastra, a cuánto exceso,
ese tropel de imágenes que crea
la propiedad fosfórica del seso!

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