Consideraciones acerca de la fragilidad

No se me ocurre nada más frágil que una anciana de 97 años. (Bueno, un bebé de pocos días también es bastante frágil, pero a éstos no se les ocurre salir solos y cruzar la calle, aunque sea por un paso de cebra)

Esto ocurrió hace unos días. Y como viene sucediendo cada vez más a menudo, casi no tengo palabras. Seré breve.

Una mujer de 97 años, herida leve tras ser atropellada

Un coche la atropelló mientras cruzaba un paso de peatones. Tiene un siglo menos tres años y según cuenta la noticia apenas sufrió una herida leve en el cuero cabelludo y varias contusiones por las que fue atendida en el mismo lugar del suceso por un equipo sanitario.

Probablemente si le hubiera ocurrido a un joven fornido y pletórico de salud hubiera caído mal, se habría dado un mal golpe con el bordillo en la cabeza y hubiera, tal vez, muerto. Pero la buena señora era tan frágil, se podía haber roto por tantos sitios, que al final no le pasó nada.

Además tuvo el buen criterio de ser atropellada, como cuenta el periódico, en un paso de peatones, en la carretera de la Corte, a la altura de la sede del Servicio de Protección Civil. No tardaron nada en llegar.

(Siempre lo he pensado. Si algún día me atropellan, mejor que lo haga una ambulancia, vacía a ser posible y cerca de un hospital)

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