Amor dental

Fue verla y no pudieron evitar salir corriendo a abrazarla, a besarla, a dejarse acunar en su regazo. La quieren. Y no es su hermana o su madre, es su dentista.

Cierran los ojos porque confían ciegamente en ella. Y sonríen (y es tan blanca su dentadura que nosotros casi tenemos también que cerrar los ojos)

No entiendo entonces por qué, cuando tengo que ir, voy temblando. La próxima vez abrazaré a mi dentista mientras cierro los ojos y sonrío entregado.

Aunque es difícil relajarse, sentir que es tu amigo y te quiere, rodeado de semejante instrumental.

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