Una semana lo suficientemente ajetreada


La duquesa de Cambridge termina con una sonrisa
su semana más ajetreada

Bueno, pues ahí tienen la diferencia. Nosotros, nuestras semanas más ajetreadas las terminamos, o bien amorrados en la barra del bar de siempre, o bien derrumbados en el sofá de casa viendo algo -lo que sea- en la tele. Ellos no. Terminan la semana con una sonrisa. Y además, espléndida.

Ahora bien, no es lo mismo una semana ajetreada para ellos que una semana ajetreada para nosotros. Los ajetreos son distintos. El suyo, el de la duquesa, consistió en jugar al hockey unos minutos, enseñar manualidades (sic) (dios mío, ¿por qué estoy siempre pensando en lo mismo?) a Carlos de Inglaterra (otro sic, éste más grande) y entregar unos tréboles a los miembros de la Guardia Irlandesa en Aldershot. Ufff. Y ahí la tienen, con la mejor de sus sonrisas.

Nos lo explica mejor nuestra publicación favorita:

Esta semana la duquesa de Cambridge no ha parado ni un sólo instante. Hace unos días, la esposa del príncipe Guillermo no dudó en bajarse de los tacones y jugar un rato al hockey en su visita al equipo olímpico femenino en Stratford, demostrando que sigue recordando a la perfección lo que aprendió de pequeña cuando llegó a ser capitana del equipo de su colegio. Horas más tarde, y sin un ápice de cansancio, la esposa del príncipe Guillermo volvió a mostrar su imagen más elegante en su visita a la Galería de Pintura de Dulwich, donde estuvo acompañada por el príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles, y dejó patente su destreza con la plancha y las manualidades.

Esto sí que es un no parar, y no lo que hacemos nosotros, que nos ahogamos en un vaso de agua. Tuvo, con gran riesgo, que bajarse de los tacones y coger un rato el stick (dios mío, etcétera), y después, sin un ápice de cansancio (cuando nuestro cansancio está lleno de ápices), ir a una galería de pintura (qué horror) acompañada por el príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles (me ahorro aquí las exclamaciones)

Reconozco que me ha descolocado la última frase, la que dice que fue en la galería de arte donde dejó patente su destreza con la plancha y las manualidades (hablan de su destreza con las manualidades y se me va la cabeza)

Pero a lo que vamos. Nos lo tiene que explicar, otra vez, nuestra publicación favorita:

La buena sintonía entre el príncipe Carlos y su nuera, la duquesa de Cambridge, fue mucho más que evidente durante su visita a la Galería de Pintura de Dulwich. Cuando se pidió a los visitantes reales que utilizaran la plancha para la creación de una obra artística, se miraron y se echaron a reír.

Esto tampoco lo entiendo –debe ser algo relacionado con el arte contemporáneo– pero se les pidió que utilizaran la plancha para la creación de una obra artística. Creo que no me quedan más sics.

Continúa la revista:

La duquesa de Cambridge demostró buena mano apretando con habilidad en cada pasada sus diseños de papel seda, al igual que la esposa del príncipe Carlos, que también les acompañaba. Sin embargo, el príncipe de Gales, que creció probablemente haciendo uso del servicio de plancha del Palacio de Buckingham, se mostró un poco más desconcertado por la tarea doméstica para diversión de sus compañeras. Pero no desistió, siguió planchando con energía (y así planchaba, así, así) y, riéndose entre dientes, dijo a las damas: “¡Parad de reíros de mí!”.

No me digan que no son geniales. La poca o ninguna pericia del príncipe con la plancha, nos explican, se debe a que creció probablemente haciendo uso del servicio de plancha del Palacio de Buckingham. No se lo reprocho. Yo haría lo mismo. Y mis camisas, de paso, adquirirían una nueva prestancia. (El paréntesis que incluyen en el párrafo no lo he puesto yo. Lo juro. Venía así. Así, así)

La semana más ajetreada de la duquesa terminó el día de San Patricio con una tradicional entrega de tréboles a 40 miembros de la Guardia Irlandesa en Aldershot, en el condado de Hampshire (Inglaterra). Como siempre, la sonrisa volvió a ser su inseparable compañera de viaje y con su cercanía y simpatía encandiló no sólo a todos los oficiales sino a la mascota del primer batallón, un Wolfhound irlandés que respondía al nombre de Conmael.

Bueno, ya sabemos lo que hacen y cómo se comportan los perros -y más si es un wolfhound irlandés, y no te digo nada si además es la mascota del primer batallón de la Guardia Irlandesa de Aldershot- cuando se encandilan con la cercanía. Como dice la revista: …es que Catherine enamora con su encanto allá por donde va y ésta no iba a ser una excepción.

Guardo para tiempos peores otra frase deliciosa: Como siempre, la sonrisa volvió a ser su inseparable compañera de viaje… Quien pudiera tener como inseparable compañera de viaje una sonrisa.

Aunque, bien pensado, pueden llegar a pensar que eres imbécil.

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