Las rotondas siempre las ponen en el medio

Y ejercen una irresistible atracción. A veces las tomamos demasiado abiertas, expulsados por una fuerza centrífuga mientras trazamos una curva tan amplia que nos resulta interminable. En otras ocasiones es la fuerza contraria quien nos imanta, casi nos chupa, como la boca de un agujero negro.

A menudo, acompañados de una desasosegante banda sonora de frenazos y bocinazos, se suelen organizar algunos desbarajustes en el trazo de las numerosas elipsis que orbitan a su alrededor.

Si vas excesivamente borracho, al entrar algo deprisa en una de esas órbitas que circunvalan una rotonda, sientes el tirón de esas dos fuerzas a la vez (centrífuga y centrípeta), y para zafarte de una te dejas llevar por la otra. Y al contrario, para librarte de la otra te dejas llevar por la una. Te puedes incluso salir en el intento y arrollar alguna señal o algún árbol.

Hace unos días ocurrió esto en Plasencia:

Detenida ebria tras arrastrar con su coche un árbol más de un kilómetro
REDACCION 28/03/2012
Una mujer pasó ayer por un juicio rápido después de que el viernes fuera detenida por la policía local en estado ebrio y tras sufrir un accidente de tráfico que le llevó a arrastrar con su coche un árbol algo más de un kilómetro (…)
La mujer, de 43 años, conducía un Renault Megane y en torno a las 23.00 horas del viernes, perdió el control del coche en la glorieta situada frente al bar El Pensador de la avenida de Extremadura. Se subió al acerado y rompió un árbol y una señal de tráfico. A pesar de eso, se incorporó de nuevo a la vía y siguió su marcha arrastrando el árbol y la señal, ésta unos metros y el árbol hasta Sor Valentina Mirón, donde quedó en medio de la calle.

Perdió el control, arrancó una señal y un árbol y continuó. Siempre adelante. No dicen nada acerca de si las vio, ni de si las siguió viendo cuando las tenía empotradas en el coche durante todo ese largo kilómetro. Supongo que sí. Aunque quién sabe.

Tuvo la delicadeza de dejar pronto la señal, apenas unos metros, rota, caída e inservible. Después, sólo tuvo la compañía del árbol, abrazado al coche. Siguió porque acaso la empujara el dolor de algún insoportable desastre amoroso o una situación familiar dramática, terrible, o tal vez fuera llevada simplemente por una irreparable pérdida de ilusión por la vida o un desencuentro final y demasiado duradero con ella. Por algo de eso debió beber aquel día en exceso. Y tomó así la rotonda.

Hasta que se topó con el árbol y decidió llevárselo con ella. Fueron juntos, según cuenta la policía, más de un kilómetro, hasta que no le quedó más remedio que dejarlo en medio de la avenida.

Fue un viaje extraño. Los extremos de algunas ramas entraban por la ventanilla acariciándole la cara mientras el coche gemía. Ella también. Todo lo que llevaba detrás (el dolor, etcétera) la empujaba.

(De todas maneras, lo que más me ha gustado de toda esta historia -no sé si se han fijado- es el nombre del bar. Es genial)

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2 comentarios sobre “Las rotondas siempre las ponen en el medio

  1. A cualquiera le puede pasar después de estar en un bar tomando lo que sea …… Pensando en el bar pensador………..es normal uno piensa y no le queda más remedio que beber…. Que suerte esta mujer que solo se llevo por delante un árbol y una señal………
    Podía haber sido peor…. Depende si uno piensa mucho o poco.

    1. Si uno piensa mal, piensa mucho. Si uno piensa bien, piensa poco. O directamente no piensa.
      Y ya sabes, si bebes, no conduzcas, y si conduces bebido ten cuidado con las rotondas. Entra despacio.

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