Birdwatching


La observación de pájaros a veces depara sorpresas. Ser capaces de pasar inadvertidos, descubrir las aves en su hábitat natural y poder captar su sigilosa e huidiza silueta mientras se afanan en sus quehaceres cotidianos, colman las aspiraciones de cualquier birdwatcher.

Aquí, en este caso, sobran los prismáticos. El ave en cuestión es lo suficientemente grande. Casi enorme. Se ve bien.

La especie buscada ha aparecido, como suele ocurrir, en el momento menos esperado, saliendo de la mata de una rotonda para esconderse en otra mata de la misma rotonda. Tal vez ha estado bebiendo en la fuente luminosa. Verdaderamente es de un tamaño extraordinario. Debe ser impresionante verla surcar velozmente el cielo. Hay avionetas que son más pequeñas.

Hemos incluso activado la grabadora con su micrófono direccional, pero se mantiene en silencio. Un silencio ahogado por el ruido de fondo de los coches. Hemos decidido esperar.

Mientras tanto, registramos el punto exacto del avistamiento y la especie, además de las características, en nuestro cuaderno de campo. Más tarde, al final de la jornada, cotejaremos con los libros especializados de aves nuestras anotaciones. Me temo que no vamos a poder escribir la h (de heard, escuchada) en la lista. La hemos visto, la vemos aún, pero no sabemos cómo es su canto o gorjeo.

El paloteo de las cigüeñas tiene un encanto especial. Desde sus nidos en lo alto de los campanarios, silos, torretas de la luz o espadañas emiten ese traqueteo producido por el golpeo de las dos partes de su largo y pronunciado pico. Como si aplaudieran. En el momento en el que se arranque a hacerlo nuestra pieza observada, el ruido puede ser atronador.

Tampoco quiero imaginar su comportamiento durante la época de apareamiento. ¡Las cosas que se ve obligada a hacer para o bien defender su territorio o bien llamar la atención del sexo opuesto! Menuda algarabía. Sin entrar a describir el momento mismo del fenomenal y desmesurado apareamiento.

Sigue sin inmutarse y nos tenemos que ir. Las jornadas de pajareo son largas y agotadoras. La observación empieza muy temprano antes del alba y concluye al atardecer o ya entrada la noche. Se han encendido las luces del alumbrado público, los coches pasan ya con el haz de sus faros y ahí sigue, como si fuera de metal, insensible, altiva y pintada de una pintura especial, resistente a las inclemencias del exterior.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s