Piedras


Las piedras
Solo piedras. Las piedras que puedas encontrar por ahí cerca, que puedan ser fácilmente transportadas. Las eliges en función de su forma y un poco por azar también. Poco a poco, con solo piedras, creas algo, una pared, un pequeño muro, una cerca, una gavia, un majano, un redil. Con algo más de habilidad, un cuarto, un chozo, una zahúrda, un molino, un horno.

Los sentimientos
Como con los sentimientos. Con los que tienes, intentas crear algo. Un poco por azar. Y con poca habilidad.

Las piedras
Solo piedras. Gracias a sus diferentes tamaños y formas, las vas ensamblando, hasta llegar a crear una estructura estable, perdurable en el tiempo. No es necesario ningún tipo de argamasa para unirlas, ni barro, ni yeso, ni arcilla, ni cal, ni cemento. Se sostienen por su propio peso. Se apoyan unas en otras. Encajan para no caerse.

Los sentimientos
¿Somos capaces de que encajen? ¿Tenemos la suficiente paciencia? ¿La suficiente habilidad? No hace falta nada más. Mientras, nos empeñamos en pensar que lo importante es la argamasa, el cemento que los une. Cuando se sostienen por su propio peso. Terminan siempre por encajar para no caer. Sin nada que los ahogue en una unión artificial y forzada.

Las piedras
Las piedras han cambiado de sitio, pero siguen estando donde han estado siempre. Permanecen integradas en el paisaje, en su paisaje, y lo que ahora conforman -un chozo, una pared- es parte de un todo, de un entorno humanizado, inalterado.

Los sentimientos
Son los que son, siempre han estado ahí. Nos acompañan siempre. Los podemos cambiar de sitio, pero nunca ignorarlos. Seguirán formando parte de nosotros.

Las piedras
Es una arquitectura tan pobre, básica y radical, que casi no es arquitectura. Son sólo piedras de tamaño y peso relativamente pequeños, tal y como se encuentran en el lugar, aunque a veces se tallan un poco, con dos o tres golpes.

Los sentimientos
Son solo sentimientos que también, con unos golpes, se tallan un poco para que encajen.

Las piedras
Esas construcciones las vemos aún en el campo. Permanecen. Derruidas, abandonadas, impenetrables. Son, sobre todo y siempre, obras anónimas, nunca sabremos quién las hizo. Alguien que vivió antes que nosotros.

Los sentimientos
¿Qué queda de lo que sentimos, después de todo? ¿Las piedras otra vez por el suelo? ¿Un paisaje inalterado?

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6 comentarios sobre “Piedras

  1. “[los] sentimientos que también, con unos golpes, se tallan un poco para que encajen”

    Pero, ¿quién da los golpes? y ¿quién elige dónde deben encajar?

    (De hecho, cuando lo leí, visualicé los pensamientos más que los sentimientos, y pensé en cómo intentan que nuestras ideas se adapten para caber en huecos de forma estándar.)

    Espero que entiendes esa frase -llevo dos semanas hablando sólo inglés y me ha llevado >5 minutos redactarla-.

    1. Uf. Esto daría para otra entrada…
      Depende de quién dé los golpes. Si somos nosotros mismos, lo hacemos con más o menos cuidado. Tal vez por eso no acaben de encajar del todo. (Habrá que darle más fuerte) Y si nos los dan, a lo mejor se pasan de fuerza y se acaban rompiendo.
      Con los pensamientos creo que es distinto. Son de otro material. Bastante más resistente. Y además me niego a tallarlos para hacerlos encajar “en huecos de forma estándar” Estoy ya mayor para ese tipo de componendas.
      ¿Estoy queriendo decir entonces que andamos con los sentimientos -y con los pensamientos- desencajados?

      1. Nunca he entendido la conexión entre el encaje y las cajas.
        Si un pensamiento es (¿está?) ‘encajado’, ¿está metido dentro de una caja o está decorado con un tejido fino y delicado?
        Sea cual sea la respuesta, creo que prefiero ir con los pensamientos desencajados.

      2. Yo también. Siempre, aunque no lo parezca, he tenido los pensamientos así, desencajados.
        Otra historia es lo que ocurre con los sentimientos. Con estos hay que hacer demasiado a menudo “encaje de bolillos”. Se necesita muchísima paciencia.

      3. ‘pensamientos desencajados’ deben corresponder a lo de ‘thinking outside the box’, pero los idiomas no funcionan así.

        Por cierto, mi madre es experta en hacer encaje de bollilos. Incluso tiene una colección de bolillos de ‘madera de boj’.

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