En Mongolia les encantan los pasodobles

Un viejo y robusto camión soviético queda varado sobre un talud formado por el meandro de un río. Sergei, un camionero ruso, se halla perdido en mitad de la estepa asiática. Lejos de todo.

Empieza a andar sin mucha confianza hasta que divisa una yurta. Allí es acogido por una familia de pastores nómadas. A pesar de las diferencias de cultura, de formas de ver la vida y de lengua, Sergei se hace amigo de Gombo, el pastor mongol.

Mientras llegan los repuestos pueden pasar semanas. Poco a poco, las costumbres y los artefactos de la ciudad de los que les habla Sergei despiertan la curiosidad de la familia. Un día, acompaña a Gombo a la ciudad. Compra un televisor.

Mientras, Sergei se siente extraño. Añora y siente algo indefinible. De vez en cuando sale a andar por las llanuras hasta perderse. Fue soldado, bebe demasiado y le gusta cantar siempre la misma canción: Las colinas de Manchuria.

Esa noche tienen preparada una cena especial. La luna, redonda, ilumina la estepa sin límites con una luz fría y suave. Están todos dentro de la tienda, la abuela, el padre, la madre, los dos niños y la niña. Sergei, sorprendido, ve que hay un acordeón y le pregunta a la niña si sabe tocarlo. Mueve la cabeza como diciendo sí. Y le pide que toque algo antes de cenar. Y la niña toca esto.

Urga (1991) Nikita Mikhalkov

Post Scriptum
Sergei, en una de las noches que va a la ciudad, se emborracha en un club nocturno. Los músicos se quedan parados cuando le ven subir al escenario. Les pregunta si saben tocar Las colinas de Manchuria. Le dicen que no. Les pregunta si saben leer música. Asienten con la cabeza.

Entonces, Sergei, se quita la camisa y se queda con el torso desnudo. En la espalda lleva tatuada la partitura de la canción. Se coloca de espaldas a los músicos y les dice que empiecen a tocar.

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2 comentarios sobre “En Mongolia les encantan los pasodobles

  1. Recuerdo haber visto esta película en los antiguos cines Alphaville. Recuerdo una pareja a mi lado diciendo: vaya un rollo. Recuerdo que era bastante cierto, y que la escena del pasodoble era de lo más gratificante de la cinta. Y recuerdo también otra película, en la que creo recordar sonaba el mismo pasodoble: una niña vestida de comunión bailando con su padre. Y recuerdo que ésta sí era una gran película: El Sur, de Victor Erice.
    Pero se me ha ido la olla, tú simplemente afirmas que a los mongoles les encantan los pasobles. Puede que sea cierto, no sé… (Y no conozco a ninguno para preguntarle).

    1. La verdad es que yo tampoco lo sé. Aunque si ves las caras de la familia mongol, resulta algo exagerado decir que les entusiasme. Al que sí parece emocionarle es al ruso perdido en la estepa. Pero es que a los rusos que estamos perdidos en la estepa nos emociona cualquier pequeña cosa. Un pasodoble incluso.

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