Escribir a oscuras

Dejamos hace unos siglos -hace justamente nueve meses y siete días– a Gonzalo de Berceo dando una vuelta por los alrededores del monasterio, viendo los viñedos e intentando despejarse, hasta que, casi de noche ya, decidió regresar mientras sonaban las campanas. Le vino bien airearse un poco.

De vuelta al monasterio donde había terminado por quedarse a vivir -aunque él no era monje; seguía, después de tantos años, siendo seglar- volvió a retomar la tarea de escribir. Era su trabajo, copiar en latín o escribir en lengua vulgar historias de santos y cosas así.

Estaba cansado, ya mayor, y los achaques le empezaban a no dejar en paz. Por eso le hacía especial ilusión la tarea que ahora tenía entre manos: contar la historia de una muchacha de un pueblo cercano que en muy pocos años alcanzó la santidad.

Él, en cambio, no había hecho otra cosa que escribir largos memoriales y escribir en verso castellano -para que fuera entendible por todos y más agradable al oído- algunas obritas que hablaban de la Virgen y de algunos santos. La joven Oria, solo rezando, recluida en su celda los escasos primeros años de su juventud, llegó más lejos.

Intuía Gonzalo que sería su última obra: Poema de Santa Oria. Se sentía fatigado a todas horas y la luz del candil hacía que las sombras temblaran, esta noche, más de lo habitual. Escribió esta tirada de versos y decidió continuar al día siguiente:

Avemos en el prólogo  nos mucho detardado,
sigamos la storia,  esto es aguisado;
los días son non grandes,  anochezrá privado,
escrivir en tiniebra  es un mester pesado.

(Los días son ya cortos, anochecerá pronto,
escribir a oscuras es un trabajo cansado)

Oria nació en Villavelayo en 1043. Su madre decidió entrar como reclusa en un convento, pero no sola, sino con ella, que tenía entonces nueve años.  El padre, dicen, visto lo visto, se retiró al yermo.

La joven Oria destacó muy pronto por la vehemencia en la profesión de su fe. Según cuenta el poema, su devoción era tal que…

…foradava los cielos…

A los veinticinco años tuvo su primera visión mística, aunque solo dos años después, en 1070, muere. Fue enterrada en una cueva excavada en roca detrás de la iglesia del monasterio de Suso.

(En el siglo XVII trasladan sus restos -en solemne procesión, junto a los restos de santa Potamia-  a la nueva iglesia de Yuso. A los vecinos de Villavelayo se les regaló un hueso de la santa que, aún hoy, se puede ver en la iglesia del pueblo. También se levantó una ermita en el solar de la casa donde nació la joven Oria. Todavía es frecuente, hoy día, bautizar a las niñas que nacen en Villavelayo con el nombre de Oria. (El de Potamia es menos frecuente))

Poco tiempo después de la muerte de la joven Oria, un monje llamado Munio escribe su vida en latín. Y a mediados del siglo XIII Gonzalo de Berceo la versifica en cuadernas monorrimas castellanas. Tal vez sea éste el más antiguo antecedente de la literatura mística en nuestra lengua.

Nos deja Gonzalo algunos versos magníficos, no muchos, la verdad, pero sí algunos. En una de las visiones de la santa aparecen unas palomas

…más blancas que las nieves  que no son coçeadas….

Y ante la dificultad de ser fiel a los hechos y el esfuerzo que esto supone, confiesa que…

…la materia es alta,  temo que pecaremos…

La historia de santa Oria ha quedado retenida, de alguna manera, en cada verso. Está a punto de acabar el libro. Pero Gonzalo sabe que él no estará el septiembre siguiente. Y recuerda aquellos días lejanos, en cómo, cuando era joven, le faltaba tiempo y sentía rabia cuando llegaba la noche y, ya a oscuras, tenía que dejar de escribir.

Ahora nosotros encendemos la luz del flexo y vemos cómo las líneas que escribimos avanzan en mitad de la noche. Ahora la oscuridad es luminosa. Pero no deja de tener razón Gonzalo, escrivir en tiniebra es un mester pesado.

Aunque no creo que haya otra manera de hacerlo.

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Aguas residuales

Entre los variados motivos que me llevaron a dejar de comprar el periódico estaba uno bastante absurdo y menor, pero era algo que me enervaba cada vez más.

No era el hecho cierto de que habían dejado de interesarme las noticias a las que daban mayor relevancia -siempre había algunas, escondidas, marginadas, que me resultaban sorprendentes; o en otros casos eran simples párrafos perdidos en el fárrago de alguna noticia o reportaje más extenso­­- es que, además, las que aparecían -y siguen apareciendo- en portada, me eran indiferentes y me aburrían. Nunca estaba de acuerdo en lo que destacaban en la primera plana. Yo lo hubiera hecho de otra manera.

Por ejemplo, este pequeño breve que aparece perdido en la sección de ciencia, y que ha encontrado un hueco en el periódico solo porque estamos en agosto y algo hay que sacar, yo lo hubiera dado más protagonismo, más extensión y, por supuesto, habría ido en portada. Dice así:

El cerebro tiene un sistema de “aguas residuales” propio

La vida es un generador de basura. Y no solo hacia el exterior. Cada proceso bioquímico implica romper enlaces, destruir moléculas, y, en consecuencia, generar residuos. El sistema excretor es el obvio, pero antes de él hay todo un sistema de canalizaciones internas que va recogiendo lo que el cuerpo ya no necesita. Esto estaba perfectamente descrito para la mayoría del cuerpo humano –es el sistema linfático-, pero quedaba la duda de qué sucedería en el órgano más importante: el cerebro. Un equipo internacional, con investigadores de EE.UU., Noruega y China, ha descubierto uno similar, que han llamado glinfático, que corre en paralelo a vasos sanguíneos y que sirve para depurar los espacios entre las neuronas a través del fluido cefalorraquídeo. (…)

Acabáramos. Ahora se entiende todo mejor. Su extraño funcionamiento, sus incapacidades, su falta de consistencia, su insoportabilidad… Ah, el cerebro.

El inicio es un tanto contundente: La vida es un generador de basura. Punto. Es una buena, aunque algo drástica e injusta, definición. Pero todos sabemos que es verdad, que no hacemos más que generar basura. Y no solo hacia el exterior. Así, si como dicen, tenemos un sistema excretor, debemos tener otro que habría que llamarlo incretor. No sé. (También es demasiado drástico a la hora de definir un proceso bioquímico: consiste más que nada en romper enlaces, destruir moléculas, y, en consecuencia, generar residuos. Como la vida misma)

Entonces, cuando el cerebro no funciona como debería, la culpa pudiera ser de algo que falla en su sistema de aguas residuales. (Los psiquiatras no serían más que fontaneros y los neurocirujanos, expertos en pocería y desatrancos) Simplemente ocurre que se obtura y no funciona como debe. Se atora en algún punto y pasa lo que pasa.

También suele suceder que el sistema no da para tanto desecho, no da abasto, son demasiados los residuos generados, son más de los que puede llegar a canalizar, metabolizar o dar simplemente salida. Y, o bien se colapsa, o bien se desborda. Por eso nos parece, a veces, que el cerebro está empantanado o anegado por esas aguas residuales. Así que resulta que está también lleno de desagües que cada dos por tres comprobamos que no tragan. Qué habremos echado por ellos.

¿Y por dónde salen esos residuos? ¿Son líquidos? ¿O ligeramente sólidos? ¿Se autodestruyen o no? ¿Hay que separarlos antes de tirarlos? ¿Conviene reciclarlos? ¿Tenemos un pozo séptico o varios? ¿Si estamos bien, generamos más residuos o es al revés? ¿O tal vez es al contrario y estamos bien porque no los generamos? ¿Es preferible no generarlos en ningún caso a generarlos aunque los canalicemos con normalidad? ¿No será mejor esto último? Pero, ¿se pueden canalizar con normalidad?

A veces es mejor no saber. Después de leer esto oigo constantemente ruido de cañerías en mi cabeza.

Las cualidades personales

Hace poco me llegaron un par de documentos que, en breve, me pueden ser de utilidad.

En uno de ellos se detalla Cómo redactar una carta de presentación; en el otro se especifican las cualidades que debemos citar, tanto en la entrevista de trabajo como en la carta de presentación. Como si fueran ésas las que podríamos aportar a la empresa.

Aunque si el trabajo cada vez está más difícil, aún más lo están las entrevistas para conseguirlo. De todas formas agradezco estos documentos como el testimonio de una época, de una forma de hacer las cosas que ya ha pasado. Los tiempos siguen cambiando.

Dice uno de los documentos:

CUALIDADES PERSONALES QUE PODEMOS APORTAR A LA EMPRESA
(EN LA ENTREVISTA Y EN LA CARTA DE PRESENTACIÓN)

Son algunos ejemplos de adjetivos con los que podemos definirnos a la hora de contestar algunas preguntas de la entrevista. También nos pueden servir para utilizar en las cartas de presentación.

Abierto…Leal…Activo…Líder…Adaptable…Capacidad de mando…Amable…Capacidad de memoria…Asertivo…Motivado…Capaz…Negociador…Coherente…Optimista…Colaborador…Ordenado…Comunicador…Paciente…Constante…Persistente…Constructivo…Polivalente…Cooperativo…Positivo…Coordinador…Práctico…Cordial…Precavido…Coherente…Preciso…Cumplidor…Productivo…Decidido…Puntual…Desenvuelto…Rápido…Eficaz…Razonable…Emprendedor…Reflexivo…Entusiasta…Respetuoso…Especializado…Responsable…Experto…Resuelto…Extravertido…Seguro…Fiable…Sensato…Flexible…Sincero…Formal…Tenaz…Hábil…Tolerante

Al leerlo, sospeché. No daba crédito. ¿Cómo pueden conocerme tan bien? ¿Cómo han podido definirme con tanta precisión? Solo tienes que ir cualidad por cualidad y elegir el antónimo de cada una de ellas para tener, resumidas en apenas unas líneas, un autorretrato de mi persona -de mis cualidades personales- demasiado nítido.

(De todas maneras, si se piensa un poco, una persona así, que reúna todas esas sonrientes y positivas cualidades, debe ser insoportable. Y si la contratas, te puede llegar a hundir la empresa. O por lo menos, arruinarte la autoestima)

Horario

Siempre me han parecido las jornadas laborales extraordinariamente largas. Buena parte del tiempo se pierde, o se dedica a dar demasiadas vueltas a las cosas, o se trabaja mal debido al cansancio y a la falta de concentración. Trabajar más de dos horas me parece un error.

Si se aprovechan bien esas dos horas, son más que suficientes. El resto de la jornada la dedicamos a marear la perdiz.

Luego hay otra forma de rentabilizar el tiempo, de concentrarlo en unos días de manera compulsiva para después olvidarse de él. Había un famoso periodista que se encerraba en su casa una semana entera a escribir los artículos y reportajes que tenía que hacer en el mes siguiente.

Terminaba exhausto, entregaba su trabajo y desaparecía las tres semanas restantes -no sé sabe muy bien dónde, pero lo que es seguro es que durante ese tiempo no trabajaba- hasta que regresaba para volver a encerrase otra semana.

Un poco como la tienda esta del cartel. No es mal horario.

HORARIO
SOLO MIÉRCOLES

DE 9:00 a 14:30
DE 17:00 a 21:00

Si vive cerca, incluso le da tiempo a echarse una siestecita.