Una trilogía mínima

Uno. Deslumbramiento

Una conductora deslumbrada atropella a un hombre de 52 años

Una conductora deslumbrada. Probablemente por el sol. Pero también hay momentos en que nos deslumbran otras cosas. Tal vez a la mujer le deslumbró el hombre que cruzaba en ese momento el paso de cebra. O fue deslumbrada por el peso de sus recuerdos, todos juntos en un instante preciso. O le deslumbró el tamaño de su fracaso. Pero debió de ser el sol de frente y un parabrisas bastante sucio.

El hombre, pues más o menos, dentro de lo que cabe, tuvo suerte. Según cuentan en la noticia:

Su estado era considerado por los sanitarios que lo atendieron «menos grave», por lo que no se temía por su vida.

Esta frase, al menos, tiene lógica.

Dos. En el parque

Buscando al exhibicionista de la gorra sahariana

Creo que ya hemos hablado de él en estas páginas. Pero sigue haciendo de las suyas y esta vez, como es verano, al redactor le ha dado por extenderse y ponerse estupendo. Empieza así la noticia:

Un hombre corriendo con su pene al viento y las calzonas en la mano. Esa es la paralizante escena con la que se han topado ya unas cuantas mujeres en el parque del Príncipe. La última vez fue el pasado lunes. La visión del impúdico atleta sorprendió a dos chicas que paseaban entre el laberinto de caminos de tierra y árboles que es el parque en algunas zonas.

Y todo esto sólo en el párrafo inicial. La primera frase creo que está escrita para llamar la atención del amodorrado lector: Un hombre corriendo con su pene al viento… Si no consigues así llamar la atención, te puedes dedicar a otra cosa. En fin. Cómo se nota que el redactor jefe está de vacaciones.

Pero se ve que está crecido nuestro periodista y se explaya, según veremos, con las peripecias de este impúdico atleta. Aunque también tiene momentos de gran altura lírica, como cuando define el parque como ese laberinto de caminos de tierra y árboles por el que paseaban dos chicas.

Lleva más de un año dándose carreras pero la policía no lo ha identificado todavía. Aunque como comenta, con algo de sorna, el periodista: sí que lo tienen perfectamente identificado varios de los que pasan más horas allí. Es un exhibicionista de larga trayectoria. Por lo menos ya sabemos que tiene algo largo.

Luego nuestro periodista sin jefes nos lo describe de esta manera, como si a él mismo se le hubiera aparecido sorpresivamente:

Se trata de un varón de unos cuarenta años, de complexión atlética y aficionado a mostrarse públicamente al sexo opuesto sin más ropa que unos calcetines, unas zapatillas de deporte y una gorra sahariana, o sea, de las que incorporan un trozo de tela que protege la nuca.

O sea.

Así vestido se dedica a correr delante de las mujeres que pasan, pasean o están sentadas en un banco.

Si están sentadas en un banco, pasa frente a él con toda su anatomía en libertad, excepto pies y cabeza.

Excepto pies y cabeza. Pies, cabeza y nuca. El resto de su anatomía queda en libertad.

Una vez, incluso fue sorprendido y recriminado. Pero logró escapar. Esta es la secuencia de los hechos:

«El tío me vio -sigue relatando (un testigo a nuestro periodista favorito)- y lo que hizo fue esconderse en uno de los estanques del paseo central, se metió dentro, se agachó y asomaba por encima del agua sólo los ojos. Le grité ‘¡Qué te he visto!’, y salió del estanque y se fue corriendo».

Así que asomaba por encima del agua solo los ojos. Los debe tener muy saltones. (¿Y llevaba puesta la gorra sahariana, o sea, de esas que incorporan un trozo de tela que protege la nuca?)

Ya van entendiendo por qué es nuestro periodista favorito (o tal vez haya sido el calor, la ausencia de los jefes…) Sigue relatando otros episodios. En uno de ellos…

…al darse cuenta de que había sido sorprendido con evidente déficit de atuendo, «cogió las calzonas que tenía en la mano y rápidamente se las puso y se fue».

Con evidente déficit de atuendo. No puedo más.

Termina la noticia un tanto enigmáticamente al explicar por qué zonas se deja ver

…en la zona del parque que suele elegir hay un pozo y un palomar…

Hum… un pozo y un palomar.

Tres. Al otro, no

Le quema el coche al amigo al ver que le iba bien en el trabajo

En la noche, a eso de la una de la madrugada, un coche en llamas alerta a vecinos insomnes y a alguno que paseaba al perro mientras comprobaba que no se movía un agota de aire. Ardía de pura envidia. Y eran esas mismas llamas quienes intentaban amortiguarla. A la envidia.

Según ha explicado la policía, después de detener al autor de los hechos, éstos estaban motivados por un “asunto laboral, por unas rencillas y envidias laborales”. El que prendió fuego al coche y el dueño del mismo habían trabajado juntos, “a uno le fue bien y al otro mal” y eso motivó el incidente. “Eran conocidos, toda la vida trabajando juntos”, apuntó el comisario jefe.

El subtítulo de la noticia dice lo siguiente, y por una vez, la policía lo explica de manera sencilla:

La policía dice que habían trabajado juntos y que a uno le iba bien y al otro, no.

Todo es muy viejo y todo se repite, comenta con un hilo de voz Caín.

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