Correr para coger el autobús

¿Merece la pena algo?

Después de una vida intensa y equivocada que culminó con una aberración sin nombre -aunque bien es cierto que involuntaria- se siente desolado, cansado, sin ganas ya de nada, repudiando cualquier posibilidad, extraordinariamente hundido.

Mientras pasea sin rumbo, se encuentra en la calle con un viejo amigo y, de manera imprevista, casi natural, empiezan a caminar juntos mientras le cuenta la historia de su vida reciente, sin ahorrar ningún punto, incluso aquellos que tal vez debería haber callado, pero ya le daba igual, le llevó varias horas contar toda una cadena de sinsentidos, errores y también el horror final que le marcaría para siempre.

De vez en cuando se detenían y volvía a repetirle a su amigo que nada merece la pena, ninguna acción, ningún intento, todo está condenado al fracaso o a algo peor, incluso cuando ponemos en todo nuestros mejores deseos. Mientras reanuda ese desolado paseo por su vida y por las calles de la ciudad, le confesó que no pensaba hacer ya nada, ni dejarse engañar por nada, todo daba igual, nada tenía sentido, nada -le volvió a repetir a su amigo- merece la pena.

En esto, levanta la cabeza y ve que se acerca el tranvía. Le agarra del abrazo a su paciente confidente y, mientras tira de él, le grita: “Vamos, corre, date prisa, nos da tiempo, como lo perdamos tenemos que esperar media hora al siguiente y no quiero llegar tarde, corre, corre”. E inicia una carrera bastante contradictoria con todo lo que había contado antes.

Consiguieron subirse por los pelos. Si no hubieran corrido como lo hicieron lo hubieran perdido. Ya dentro, sin resuello, miraba por la ventana.

—0—

Dice google, dice la wiki:

Los Maia, escrita por Eça de Queiroz y publicada en 1888, relata la historia del deterioro de una gran familia portuguesa a través de dos de sus miembros: el viejo Afonso de Maia, el patriarca y un hombre admirado, y su nieto, el joven Carlos de Maia, idealista, diletante y romántico, representante de la elegancia finisecular y auténtico protagonista del relato.

La novela –una historia de pasiones de fin de siglo– escenifica el final de la juventud y, de paso, los ritos del amor y del escondido sexo burgués del siglo XIX, bien adúltero o bien pago. Un poco como ahora, ya que la novela nos retrata: somos magníficos y zoquetes de manera muy parecida a como lo eran los hombres de 1875. Pero en la novela de Eça de Quieroz el amor culmina, de manera involuntaria, en el incesto…

En las últimas páginas de la novela, cuando Carlos de Maia, diez años después, regresa a Lisboa, se encuentra en la calle con su viejo amigo João da Ega. Mientras conversan, afirman que “no vale la pena correr por nada”, que todo en la vida es ilusión y sufrimiento, pero interrumpen la charla y terminan por correr desesperadamente para coger un transporte público porque han quedado a comer y llegan tarde.

—0—

Aquí arriba, en esta entrada, no sé muy bien por qué, he intentado recrear el final de la novela, que, en su momento, me gustó especialmente, es más, casi solo me acuerdo de ese final, bastante banal, absurdo e incongruente.

¿O no lo es?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s