Muda

Mudar la piel es un ejercicio necesario que nos permite creer que somos capaces de dejar atrás lo viejo, lo que ya no nos sirve, nos molesta y, lo que es peor, se empieza a ajar. Nos dejamos la piel para tener una nueva. Se llama ecdisis a la capacidad de los ofidios de cambiar la piel. Lo hacen cada cierto tiempo ya que deja de ser útil debido al prolongado uso en condiciones extremas que hacen de ella.

Es cierto que a veces hacemos uso de ella en condiciones extremas. (También su no uso acaba por resquebrajarla). Y esta necesidad de cambiar de piel no es más que un impulso que no sabemos muy bien de dónde nos viene, éste de estrenar una nueva apariencia, más reluciente, más brillante, que acompañamos después con la mejor de nuestras sonrisas. Salimos entonces distintos a dar una vuelta dejando que el sol nos dé.

La queratina resulta vital para la consistencia epitelial. Es una sustancia de gran resistencia al desgaste, presente en las escamas de los reptiles y también en las uñas de los mamíferos y los picos de las aves. Es un compuesto inerte y de escasa elasticidad, incapaz de regenerar las heridas de la piel, cortes o erosiones. Esta incapacidad obliga a las serpientes varias veces al año  a renovar su piel.

La muda se inicia desde la cabeza, una vez que la serpiente encuentra el lugar adecuado para frotar su hocico contra algo áspero -una piedra, tronco o matorral- en el que se enganchan con objeto de levantar y despegar alguna escama labial.

Una vez enganchado el fragmento desprendido, el ofidio se desliza y la vieja piel se va despegando lentamente de su cuerpo. Al terminar con la muda, su coloración y dibujo son nítidos y brillantes. Este fenómeno le permite crecer, sanar heridas y eliminar parásitos externos.

Así, nosotros. Como las culebras que mudan la piel, cambian de camisa, dejando la vieja atrás, en cualquier piedra, tronco o matorral, apenas unas escamas resecas. Reluce y brilla entonces la nueva, con la que vamos.

Aunque sea, oh, la misma.

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2 comentarios sobre “Muda

  1. Creo que seria mejor cambiar la muda del cerebro, así quizás dejaríamos atrás ideas absurdas que nos han estado limitando para ver otros horizontes, otras posibilidades.

    1. Es realmente complicado. La queratina con la que hemos recubierto nuestra mente es mucho más resistente, muchísimo más, y también está fabricada con un compuesto inerte y de escasa elasticidad. Nos es más que un molde que -aunque nos protege- nos constriñe y limita. Ojalá pudiéramos mudarla, siquiera intentarlo. Pero sí, es realmente complicado.

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