En una acera bastante estrecha

Siguiendo uno de esos paseos cada vez más habituales por la pequeña capital de provincia, alejado de los lugares de interés señalados reiterativamente en las guías, al margen de las zonas cargadas de historia, monumentos y turistas, descubre uno el puso real y anodino de la ciudad, tan parecido siempre al de las otras.

La gente que viene, que va, los que miran, los coches, los bares desiertos, los camiones de reparto en doble fila, las tiendas de comestibles, el ruido de una moto… Es media mañana y es difícil distinguir si es festivo o no. La normalidad se parece cada vez más a la excepción. O al contrario. Es un día más. De cielo plomizo y bastante templado.

Pero la extrañeza nos puede asaltar en cualquier calle. Escapados de dónde, curiosos personajes salen a nuestro paso. ¿Son simpáticos? Su indefinida edad les hace más inquietantes, porque si fueran niños su sonrisa sería más tolerable, pero… ¿qué es lo que dice este individuo? ¿por qué señala? Esa chistera ¿a qué viene?, ¿de dónde la ha sacado? Y ¿por qué va sin pantalones? ¿Piensa hacer algo -y por eso se los ha quitado- o solo lo hace por provocar? ¿Qué edad tiene realmente?

Se me puso delante de improviso, en una calle estrecha y algo solitaria, y decidí pasar de largo:

uno

Pero no venía él solo. Venía también toda la banda. Salvo los dos de los extremos, el resto tenía una mirada como de figura de un fresco de una iglesia románica, una mirada fija y un gesto hierático. Cada vez los tenía más cerca ¿A qué vienen por esta calle a esta hora de la mañana? ¿No sería más lógico que salieran de noche, mejor a altas horas? ¿Era posible en un par de segundos descifrar sus intenciones?

dos

No podía pasar. Esperé entonces que fueran ellos quienes lo hicieran.

Sabía que no tenía escapatoria dada la estrechez de la acera y lo juntos que estaban los coches aparcados. ¿Saltar por encima y correr? ¿Estoy lo suficientemente ágil para hacerlo? No me quedaba más remedio que esperar, esperar hasta tenerlos encima y entonces… 

tres

El camión de la empresa de disfraces, que además organiza fiestas, tenía bloqueada toda la esquina, un poco más arriba se amontonaban los coches en doble fila. Pero antes de toparme de bruces con ellos -con la cuadrilla del sátiro sin pantalones y con un solo diente- pude doblar, pegado a la pared, doblar la esquina y buscar una calle más amplia, más tranquila.

Más amplia y más tranquila.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s