La luna rosa ya nos alcanzó

nick_drake1Un individuo alto, desgarbado, pero aún así, de una extraña y destartalada elegancia, entró a plena luz del día, sin que nadie se diera cuenta, en las oficinas centrales de Island Records. Su aspecto era raro y, sin embargo, familiar. Iba vestido de negro, y sus ropas eran como si estuvieran llenas de polvo, pero no daba la impresión de suciedad… era como si acabara de atravesar algo…

Apenas dijo unas palabras, pronunciadas con un tono tan bajo, que la recepcionista no entendió lo que dijo. Alargó uno de sus largos brazos para dejar sobre el mostrador de entrada un sobre marrón, no muy grande y algo abultado. Entonces se giró despacio y se dirigió hasta la puerta principal por la que había entrado sin que nadie se diera cuenta. Cuando le vio desaparecer, el desasosiego de la chica de la recepción se transformó en alivio.

Un alivio del que nunca pudo disfrutar Nick Drake en su corta vida. (Cada vez que escucho a Nick Drake me acuerdo de una frase de Fernando Pessoa: “Mi sensibilidad es una llama al viento”)

Durante 1967, con apenas veinte años, ya tocaba en los pubs del circuito de música folk de Cambridge. Enseguida llamó la atención su personal talento y fue fichado por una pequeña compañía en la que grababan los más brillantes cantautores jóvenes de Gran Bretaña.

En 1968 graba su primer disco, Five Leaves Left, con unos arreglos algo barrocos que no le gustaron nada. Pero las canciones, su voz y su guitarra terminan, a pesar de todo, por imponerse. El disco es una maravilla. Pasó desapercibido.

El segundo, Bryter Layter, grabado en 1970, tiene una producción más cuidada, ya que pretendían hacerlo más comercial, convencidos del talento de Nick, al que querían convertir en una estrella. Pero, aunque tuvo más repercusión que el anterior, tampoco pasó nada.

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En la mente de Nick la depresión empieza a hacer extraordinariamente bien su trabajo. Psiquiatras y antidepresivos no consiguen nada. Cada vez estaba más distante de todo y de todos, se alejó de la vida como si le urgiera desaparecer.

Le ofrecen desde la discográfica grabar un nuevo disco. Confiaban en él. Pero Nick no. En dos noches graba once canciones, que no llegan ni a cubrir media hora de duración, solo con su guitarra y unos breves arreglos de piano. Su productor piensa que eran unos simples bocetos y le dice que tienen que hablar acerca de cómo grabar las canciones. Nick le dice que está bien así, que nada de florituras.

No se atreve a dar explicaciones y un día deja la cinta máster de Pink Moon a la recepcionista. Solo al cabo de varios días, intrigados por el sobre, se dan cuenta de ése es el disco. Se publicó en febrero de 1972 y tuvo una repercusión aún menor que los anteriores.

Su vida se deteriora de tal manera que el desenlace es lo de menos. La depresión avanza y tuvo que ser ingresado. Algo más recuperado intenta grabar nuevas canciones, pero no encuentra sentido a nada, se siente insensible, muerto por dentro.

La decisión de dejar de componer y de cantar le libera. Se siente mucho mejor y se traslada a vivir a París. Era el verano de 1974.

De vuelta a casa de sus padres, una mañana, cuando su madre fue a despertarle, le encontró muerto. Una sobredosis de antidepresivos. Tenía 26 años y era, efectivamente, como una débil llama expuesta a un fuerte viento.

Sus canciones tienen ese temblor que nos acompaña:

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