Los gatos ahora vigilan nuestra crisis

Son cada vez más los grandes edificios de modernas oficinas que van quedando vacíos. Se alquilan, se venden o se abandonan. Lo que hace nada refulgía, ahora se aja.

Y lo que nos decían sus dueños -los bancos, las grandes empresas- que valían -cientos de millones- ha alcanzado su valor real: nada. No valen nada. Porque fueron ellos quienes nos explicaron que el valor de las cosas es el valor que tienen en el libre mercado. Así que no son cientos de millones lo que valen esos edificios que ocupan manzanas y manzanas de los extrarradios de nuestras ciudades; valen lo que paguen por ellos. Y nadie va a pagar nada. Valen cero.

Ahora, lentamente, los va invadiendo el abandono. Ya ni siquiera hay vigilantes.  Son ahora los gatos los que transitan por los pasillos a los que se arrancó la moqueta, los que inspeccionan los garajes vacíos, los que curiosean por los conductos del aire acondicionado, los que dormitan sobre una mesa olvidada los días de sol, entrecerrando los ojos.

Son ahora los gatos los que pasean en silencio por el interior del edificio en el que apenas hace año y medio una amortiguada algarabía de teléfonos sonando, conversaciones y ruido de impresoras daba vida al edificio.

Otros intentan cazar algo en el jardín abandonado. Esta mañana han tenido la deferencia de posar para esta foto al menos seis de ellos.

gatos

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