Fuego y después agua

Hoy los periódicos venían cargados de aburridas noticias de nuevos latrocinios de nuestra clase dirigente acompañadas con las consiguientes y renovadas muestras de cinismo de los mismos. Como todos los días.

Sonríen cuando les pillan con las manos en la masa -porque saben que nada les va a pasar- como diciendo, además, que la culpa es nuestra. Luego añaden, compungidos, que tenemos que arrimar el hombro.

Creo que nos estamos empezando a habituar a la indignación, nuestro estado natural.

Pero no era de esto de lo quería hablar. De entre toda esta avalancha de informaciones que traen los periódicos que, cada vez con más desgana, ojeo a diario, no sé porqué, tal vez por su escasa importancia y trascendencia, me ha llamado la atención esta breve noticia:

vela

Por lo visto una chica salió de su habitación dejando encendida una vela, que -no se sabe muy bien cómo- fue la que ocasionó un pequeño incendio que obligó, una vez avisados, a intervenir a los bomberos. El hecho de que la vela fuera aromática se destaca como fundamental, tanto en el texto de la noticia como en el mismo titular.

Las chicas a esas edades se distraen con facilidad -¿en qué estarán pensando realmente?- y son muy aficionadas a las velas aromáticas.

Como el fuego empezó a extenderse, hubo que llamar a los bomberos, bueno, aquí los llaman Servicio Municipal de Extinción de Incendios. Luego, en una sola frase, el periodista en cuestión, resume lo que ocurrió de forma, además, bastante didáctica:

Rápidamente se desplazaron al lugar todas las dotaciones de guardia, que utilizaron sus mangueras para enfriar la habitación y acabar con las llamas.

Y lo que pudo haberse convertido en un infierno dantesco, con el agravante de estar en un cuarto piso, las llamas asomando por las ventanas, acabó convertido, en escasos minutos, en un lugar en el que sobrenadaban los pecios después de un tsunami. La habitación de la chica parecía un estanque.

Para ello utilizaron una gran cantidad de agua que encharcó tanto la vivienda como las escaleras del bloque, por lo que los vecinos tuvieron que hacer tareas de achique cuando el fuego quedó totalmente extinguido.

El agua bajaba los escalones en busca de la calle, convirtiendo el hueco de la escalera en una cascada.

Pero más vale así. No hubo daños personales. La chica que salió de la habitación dejándose una vela -una vela aromática- encendida y qué nunca sabremos en qué estaría pensando realmente, no sufrió lesiones porque logró salir de la vivienda con rapidez.

La calma, finalmente, después del susto, volvió al edificio.

Al final de la noticia, en su última frase, nos cuentan algo que no sabíamos, pero que nos tranquiliza profundamente:

En el piso había un perro que también pudo ser salvado.

Salvado del fuego, primero, y salvado, después, de morir ahogado.

Estaba empapado. Ya en la calle, delante del portal, se sacudía con fuerza el agua. La chica se le acercó y le rascó la cabeza. Probablemente sea el único que sabe en qué piensa realmente la chica que, sin darse cuenta, dejó encendida una vela en su habitación.

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