Tonto

Uno se pasa la vida haciendo tonterías, pero luego compruebas que es cuando dejas de hacerlas, cuando en realidad te conviertes en un tonto. Un tonto de verdad. Me temo que sin remedio.

Hace ya veintitantos años, pasé una larga temporada en la que decidí perder un montón de horas cada día en leer el periódico entero, de cabo a rabo. No sé si así pensaba que iba a estar más informado o era, simplemente, que me sobraba el tiempo. Incluso, con una tijera, recortaba fotografías o párrafos.

De las fotografías no sé qué fue de ellas. O sí. Las tiraría un buen día. Pero algunos recortes de aquellos días aparecieron, al fondo de un cajón, en una carpeta azul de gomas. Muchos de ellos han ido apareciendo por aquí.

(Es un poco como cuando vuelves a hojear un libro que leíste hace años, en el que subrayaste frases o escribiste notas en los márgenes, y no entiendes por qué subrayaste precisamente esas frases que ahora no te dicen nada, o por qué escribiste esas notas tan banales o ridículas.

No te reconoces.

Entonces, ¿quién fue aquel que lo hizo?)

Y si me parece ahora que fue una tontería dedicarme durante unos meses a recortar periódicos, también, algún día, me llegará a parecer una gilipollez, recuperar esos párrafos, fotografiarlos y traerlos aquí, al cabo de casi treinta años.

Así que no todo está perdido. Seguimos haciendo el tonto.

almohada

Cuando era pequeña quería irme a la cama porque allí la cabeza se me llenaba de música. Estaba convencida de que la música venía de la almohada.

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