Quema

fuegoHay momentos,
mientras se queman
los restos de la poda,
en los que uno se queda
pensativo,
con la mirada perdida.

El humo se espesa
y se eleva para
después desvanecerse.
Las ramas crujen
entre las llamas
y al rato ya solo son
ceniza.

Uno, entonces,
se queda pensativo.
Hasta que hay que volver
a avivar el fuego.

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Silla

No creo que el diseño escandinavo, que persigue ante todo la funcionalidad, la pureza de líneas, la accesibilidad y la armonía con el entorno, pueda llegar nunca a producir nada como esto. Por mucho que depure y simplifique sus elementos compositivos.

Aunque apenas se utilizan ya estas burrasburritas o borriquetas –como las llaman por aquí-, todavía hay quien las hace mientras poda o tala. Con cinco golpes de motosierra ya está lista.

La tengo en la habitación y huele a encina, a madera cortada, a campo.

Me gusta lo funcional que es, la pureza de sus líneas, su solidez. Es como un pedazo de entorno, tan simplificado como humilde, sobre el que me siento.

Ni siquiera he necesitado la llave allen para montarla.

burrita

Rendija

Después de tres o cuatro días oscuros, nublados totalmente, con unas nubes del color del grafito, pudimos ver el sol durante unos minutos. Esa gran masa gris, casi negra, dejó una rendija a la caída de la tarde por la que asomaba algo de claridad. Parecía un incendio a lo lejos.

Si hubiera visto pasar un camión de bomberos a toda velocidad en dirección a la puesta de sol, no me hubiera sorprendido.

18feb13

Curso

Aún continúan llegando fondos desde Europa, no sé cómo los siguen enviando, pero siguen llegando.

El objetivo es el de reducir diferencias entre los territorios más desarrollados y los más pobres, invertir en infraestucturas y promover la activación empresarial y la formación. En teoría.

No sé cómo después de todo lo que hemos hecho con ese dinero durante tantos años, lo siguen haciendo.

Pero sigue llegando el dinero y, por lo menos, se siguen organizando cursos. La preparación es vital, la formación es siempre una buena inversión.  Aunque, a veces, no sé qué pensarán desde Europa acerca de la temática de dichos cursos.

Me da la impresión de que no lo iban a entender.

curso_picadores

Agricultura organiza en Moraleja (Cáceres)
un curso de picadores a caballo inédito en España

MÉRIDA, 20 Feb. (EUROPA PRESS)
La Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Energía ha organizado (…) un curso de picadores a caballo, el primero que se desarrolla en España y que se impartirá en el Centro de Formación del Medio Rural de Moraleja (Cáceres).

Esto, según nos dicen, es invertir en el futuro de la región. Cursos de picadores a caballo.

Prefiero no imaginarme el contenido del curso. Ahorrarme las clases prácticas. Aunque reconozco que todo tiene su técnica. Utilizar delante de un animal bravo una larga vara con una punta metálica para producir desgarramiento en los tejidos ubicados en la cruz del mismo no debe ser fácil.

Es también difícil que nuestros socios del norte entiendan que se trata de una actividad fundamental para que humille el toro. Los músculos de esa parte quedan destrozados, el animal se debilita al perder sangre -alrededor de un 10% del total- y es entonces cuando el torero puede hacer su toreo de muleta, plasmar esos derechazos tan estéticos o esos naturales con la izquierda.

De esta manera, la Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Energía del Gobierno de Extremadura, a través de la Dirección General de Desarrollo Rural, dentro del Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Portugal (Poctep) -¿cuántos funcionarios llevamos ya?- invierte en el futuro de la región, traduciendo las propuestas de los territorios en inversiones sobre infraestructuras, formación, activación empresarial, biodiversidad, turismo, cultura, deportes y otros aspectos. Los proyectos se financian por el Gobierno de Extremadura y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) en un 75 por ciento con el objetivo de reducir diferencias estructurales.

(Es textual el párrafo anterior. Lo de invertir en el futuro, lo de la biodiversidad, lo de la cultura, lo del objetivo de reducir diferencias estructurales… Y todo para justificar -como si lo necesitase- la organización de un curso para picadores a caballo)

No sé si quedan plazas.

Sin esperanza

Suena lejano, débil, prácticamente incomprensible, el eco de un apocalipsis económico que retumba como si algo se hubiera desplomado de golpe. Hablan de todo esto en la radio.

Graznan en lo alto las grullas mientras vuelan hacia el sur. Se siente la tierra, después de las recientes lluvias, más mullida. La azada cae con fuerza y en poco tiempo cava un hoyo suficiente. Las lombrices huyen de los terrones como pueden.

plantones_olivo

Los débiles plantones de olivos van a encontrar, por fin, su sitio en el campo. El cepellón es enterrado y un tutor de caña se encargará, estos primeros años, de mantenerlos erguidos. Ha abierto la mañana y la niebla ha desaparecido.

Esta vez no llegan a la docena, pero en esa pequeña y poco pronunciada ladera, dentro de un tiempo, habrá un pequeño bosque. El eco de este apocalipsis que ahora nos persigue a diario habrá desaparecido. Se oirá el viento tan solo. Algún pájaro se posará en ellos.

plantones_olivo3

Sin esperanza no pueden plantarse olivos.

Como entonces

esparragos

Entre la maleza y lo más boscoso de la sierra, en las zonas más mullidas, escondidas y húmedas, para las que solo unas escasas horas de sol son suficientes, andan encorvados, ni muy deprisa ni muy despacio, avanzando en zigzag.

Durante miles de años -desde los tiempos en los que no se contaba el tiempo- estos territorios han estado habitados. La tierra, los árboles, los arroyos, los animales, las raíces, las semillas, las plantas, los frutos, eran suficientes.

Y desde aquellos tiempos protohistóricos, estación a estación, de manera tranquila, natural y sorprendente, se siguen manteniendo, después de tantos siglos -aunque ya maltrechas, ya escasas- estas formas de vida, de subsistencia. Hombres que andan encorvados recorriendo el territorio.

Cada fruto silvestre, todavía hoy, nos dice que el lugar en el que vivimos ahora no es malo.

Me gusta perderme entre lo más boscoso, avanzar en zigzag durante horas, ni muy despacio ni muy deprisa, intentando vislumbrar entre la maleza el brote joven, fresco, amargo de las esparragueras, arrancarlo con cuidado y continuar.

Regresar con un buen haz.

esparragos_2

Ahora. Justo ahora, que empezamos a sentir como una necesidad -o un descubrimiento: ¡se puede!- el recuperar y disfrutar de ese corto trayecto que va del campo a la mesa, sin nadie ni nada más entre medias, de ahorrarnos ese complejo y endemoniado proceso que nos lleva, desde hace años, de cabeza, a esos horribles y perfectamente iluminados lugares que llaman supermercados -¿a qué huele un supermercado?

Descubro que podemos, incluso, evitar la huerta, el orden, el trabajo, la previsión. Que en aquellos lejanos años de la más básica e improvisada recolección era posible sobrevivir, a la busca de productos silvestres, conociendo los lugares, pateando el territorio. Como hago ahora, después de tantos siglos, como si viviera en aquellos tiempos protohistóricos.

Mientras observo, perplejo, -tengo una llamada perdida- la pantallita del móvil. Que no sé qué me dice.

Más pájaros

mirloI
Los pájaros se alborotan
justo antes
de que empiece a dejar
de llover.

II
La extraña confusión sonora
de los pájaros al amanecer
nos deja perplejos
y felices.

III
Los pájaros
son los únicos capaces
de descifrar
el día.