Bábel 1920

A principios de 1940 Isaak Bábel fue ejecutado. Desde que fue detenido, su familia no supo más de él. No sabían si había muerto o le habían deportado a un gulag en Siberia.

Quince años más tarde, las autoridades soviéticas reconocieron que fue fusilado en los primeros días de 1940, en los mismos cuarteles de la NKVD donde cumplía arresto desde mayo de 1939 y donde fue torturado hasta que se declaró culpable.

Durante muchos años, su hija, cada vez que abría una puerta, esperaba ver a su padre. Se reconocerían de inmediato, y le diría: “Al fin llegaste, me tuviste intrigada durante tanto tiempo, dejaste tanto y al mismo tiempo tan poco para saber de ti… Siéntate y cuéntamelo todo”.

babel

Isaak Bábel nació en Odessa el 13 de julio de 1894. Era aquella una Rusia con sol, con comerciantes, a orillas del mar Negro, tan alejada de esa Rusia dura y color ceniza que termina siempre por imponerse. Isaak Bábel era judío. A pesar de las dificultades tuvo una educación esmerada, pero por culpa de su condición le fue denegada su entrada en la Universidad.

Durante la Guerra Civil Rusa, Bábel toma partido por el comunismo soviético. Sueña con que sus dos patrias, la Madre Rusia y sus raíces judías, puedan convivir juntas, derrotado finalmente el tiránico zarismo.

En 1920 se alista y es testigo de la campaña militar de la Guerra Polaco-Soviética junto a la caballería cosaca. Escribía telegráficamente en libretas los avances de la guerra, las maniobras, los horrores. Parte de ellas se han recuperado como libro en Diario de 1920. Pero apenas es escritura, son apuntes muy breves, frases, palabras sobre las que más tarde, con más tiempo, en otras condiciones, desarrollar esas vivencias, esas historias, esos personajes.

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La carretera de Dubno. Bosques, magníficos bosques antiguos, sombreados. El calor, la sombra de los bosques. Se han talado muchos árboles para las necesidades de la guerra, malditos sean, los linderos desnudos con los tocones.

Por la noche, tormenta y lluvia, corremos al establo, está sucio, oscuro, húmedo y frío, al alba envían a los ametralladores al frente, se reúnen bajo un aguacero, las capas, los caballos transidos.

Ante nosotros una carretera empapada por la lluvia, la llama de las ametralladoras se enciende aquí y allá, presencia invisible del enemigo en este cielo gris y ligero.

Resulta conmovedor su esfuerzo por buscar una luz, un momento de tranquilidad, para ir escribiendo, aunque sea en un brevísimo resumen, lo que ocurrió aquel año de 1920 en las llanuras orientales de Polonia. Los desastres de la guerra.

Antes de esto, el campo terrible, cubierto de cuerpos acuchillados, esta crueldad inhumana, estas heridas increíbles, los cráneos hundidos, los jóvenes cuerpos blancos y desnudos que brillan al sol, las agendas, las hojas, las cartillas militares, los evangelios diseminados, los cadáveres entre los cereales.

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Entre el barro, faltos de comida, en aldeas abandonadas, con los campesinos huyendo sin fuerzas por los campos, los caballos desventrados al lado de los caminos, las ciudades saqueadas, las iglesias ardiendo, los heridos y los muertos, los enfermos delirando de fiebre, los establos sin heno, Bábel encontraba un momento para garabatear en su libreta con una obstinación un tanto inexplicable.

Pasamos la noche en Czesniki, transidos, cansados, permanecemos silenciosos, el barro infranqueable, viscoso, el otoño, las carreteras hundidas, la melancolía. Las perspectivas son sombrías.

En el tren, la mugre, el hambre. Todo el mundo está enflaquecido, cubierto de piojos, tiene la tez amarilla, todo el mundo se odia, se queda encerrado en su compartimento, incluso el cocinero ha adelgazado.

Y entre toda esa devastación de la guerra, siempre perdiendo más que los demás, los judíos, a los que se siente tan cercano.

Los judíos, que no han dormido en toda la noche, están ahí, lastimosos, como pájaros, completamente azules, los cabellos en desorden, en chaleco, sin calcetines. Un alba húmeda y sin alegría…

Son estas notas puramente descriptivas. Sabe que con eso basta. Solo, rara vez, flaquea y se confiesa.

Por la noche la granja, el heno perfumado, pero el aire es pesado, me siento oprimido por no sé qué, por el carácter tristemente vegetativo de mi existencia.

Estoy cansado. Y de pronto, la soledad, la vida pasa ante mí, pero qué significa.

Con estos materiales escribiría luego su libro más famoso -que puede ser considerado, sin que nos equivoquemos, como uno de los tres libros de relatos más perfectos de toda la literatura universal- Caballería Roja, publicado en 1926. A los treinta y cinco años alcanza la gloria literaria.

Pero a partir de aquí, se sume en el silencio. La maquinaria comunista crece, se perfecciona, no admite la más mínima, por pequeña que sea, posibilidad de ser cuestionada. Bábel empieza a perder las esperanzas y a vivir en un continuo desvelo.

En la madrugada del 15 de mayo de 1939 dos hombres uniformados de la NKVD se presentaron en su departamento y lo despertaron. Fue arrestado y se llevaron todos sus manuscritos. Lo único que dijo Bábel, como si no hablara a nadie en especial, fue: “No me dejaron terminar”.

Antes de separarse, en el cuartel de la Lubyanka, le dijo a su esposa: “Trata de que no hagan miserable la vida de nuestra hija”.

Antonina Pirozhkova And Isaac Babel 1936

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