Gafas

gafas

Desde que llevo gafas oigo peor.

Creo que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero yo las relaciono.

Es como si, al recuperar la nitidez visual, el contorno de las cosas y las precisas aristas del mundo, el oído, la atenta capacidad de escuchar cualquier atisbo, se relajara, después de años de tensión ocasionada por una permanente visión borrosa del mundo.

Ahora te toca a ti, le dijo el oído a la vista, mientras contemplaba las nuevas gafas recién compradas y, sin embargo, ya pasadas de moda.

Hasta que el otro día perdí un tornillo.

A continuación -¿ven como las cosas están relacionadas?- una de las patillas empezó a dar muestras de debilidad, de falta de estabilidad, como si estuviera mareada, y, al ir a comprobar su estado, me quedé con ella en la mano, pero ya separada del resto.

Durante un par de días -hasta que me decidí acercarme a la óptica- recuperé esa visión borrosa del mundo. Sus aristas se difuminaron y mi oído se afinó de nuevo. Creo que llovía.

Cuando salió de su pequeño taller la chica que se ocupó de mis gafas y me las puso para que encajaran y no me volvieran a resbalar por la nariz, vi su cara por primera vez, cada línea, cada detalle, tan de cerca, mientras me sonrió.

Aunque no sé muy bien qué me dijo.

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2 comentarios sobre “Gafas

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