Al otro lado de la M-30 y entre los árboles

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Al último resol le dio por golpear durante apenas un minuto los cristales de aquel edificio al otro lado de la M-30, mientras la umbría definitiva de la cercana noche empezaba a extenderse sobre la laderas del parque de la Fuente del Berro.

La luz fue de ámbar unos instantes.

El rugido interminable de los coches abajo, veloces e incansables, querían imitar el rumor del mar. De un mar imposible, feo, encajonado.

Minutos después, los cristales dejaron de brillar. Una luz ya no ámbar, sino de terciopelo oscuro, nos empezó a acariciar.

Refrescaba entre los árboles del parque de la Fuente del Berro, mientras la M-30 seguía rugiendo insoportable, extraña, creo que innecesaria.

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4 comentarios sobre “Al otro lado de la M-30 y entre los árboles

    1. También debe ser bonito, desde esos edificios, ver cómo amanece y dan los primeros rayos de sol en las copas de los árboles más altos del parque, al otro lado de la M-30.
      Tan llena de coches ya a primera hora.

    1. Aunque cosas más raras se han visto, no me imagino al coronel Cantwell por el parque.
      Y si se diera una vuelta por él, probablemente se liaría a tiros con los patos. Si queda alguno.

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