La insoportable habilidad de un jinete lingüístico

El soneto

Es el soneto la más hermosa composición,
y de mayor artificio y gracia, de cuantas tiene la poesía italiana y española.
Y en ningún otro género se requiere más pureza y cuidado de lengua,
más templanza y decoro, donde es grande culpa cualquier error pequeño.
Fernando de Herrera. Anotaciones a Obras de Garcilaso de la Vega (1580)

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Su rígida estructura, aunque parezca ahogar y constreñir, lo que al final hace es ayudar a controlar la verbosidad imparable del poeta y ceñir, con una medida justa, el resultado final a un molde preciso y conocido.

Porque al final todo encaja, nada sobra, nada falta. Escribir un soneto es mucho más entretenido que completar un crucigrama.

Aunque los hay que perviven perfectos, como el primer día en que fueron escritos,  la mayoría son predecibles y prescindibles, juegos sin más valor que el de haber entretenido durante un buen rato a quienes los han perpetrado. Cosa que tampoco está mal.

Góngora

Como en aquella época -estamos dejando el siglo XVI y adentrándonos en el XVII- no se habían inventado los crucigramas, a Góngora le dio por buscar la perfección absoluta en la poesía.

Están cambiando los tiempos y ello le obliga a olvidar la lengua elegante y sencilla, para cabalgar ahora sobre ella, haciendo constantemente cabriolas y mostrando, sin el más mínimo atisbo de decoro, toda su potencia expresiva y toda su habilidad como jinete (lingüístico).

gongora_358No significa esto el abandono del ideal clásico de armonía e idealismo. Lo que hace Góngora es llevarlo más lejos, asimilando hasta el extremo ese ideal latino, no solo en el vocabulario, sino en la misma sintaxis.

Todo está lleno de hipérboles, alusiones, perífrasis, paranomasias, con una sintaxis agotadora, fundada en el hipérbaton y en las simetrías… Nada está en su sitio (o todo está en su sitio). Quien haya estudiado el bachillerato de letras y haya escogido -como mal menor ante las matemáticas, las físicas y las químicas- el latín, recordará los malos ratos pasados intentado traducir un pequeño texto latino.

Los verbos que aludían al sustantivo solían estar lejísimos, y la frase aparecía llena de adverbios, adjetivos y más sustantivos entre medias, que nada tenían que ver. Pues todo esto nuestro autor lo exagera aún más, en un castellano deslumbrante e ilegible para todos (si exceptuamos a Dámaso Alonso).

En definitiva, leer a Góngora es una tortura endiablada (aunque el masoquismo entre los aficionados a las letras es una parafilia sexual bastante común).

No sé muy bien si lo que pretendía con este artístico e insuperable enrevesamiento léxico y, sobre todo, sintáctico, era diferenciarse del resto de poetas, elevarse sobre ellos, desesperar a los que se las daban de cultos, jugar sin más con su extraordinaria inteligencia o simplemente ocultar con tanta estilización sus sentimientos.

Los retratos que de él tenemos así nos le muestran: no muy agraciado, con ojos penetrantes, ojos de una inteligencia quirúrgica, y algo desabrido, como si le costara ocultar su desapego por todo.

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Los sonetos de Góngora

Dentro de su obra los sonetos no alcanzan la maestría ni el dislocamiento absoluto de su estilo, que tiene en la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y en las Soledades (1613) sus más extremas y bellas creaciones.

Pero estos días solo hemos tenido fuerzas suficientes como para atrevernos con la colección completa de sus sonetos.

En uno de los satíricos se dirige a un colega:

Por cuerdo te juzgaba, aunque poeta.

En otro, dedicado a la esposa del conde de Lemos mientras pasaba el puerto de Guadarrama, uno de los tercetos dice:

Huirá la nieve de la nieve ahora,
o ya de los dos soles desatada,
o ya de los dos blancos pies vencida.

Las noches de insomnio son así descritas:

Varia imaginación que, en mil intentos,
a pesar gastas de tu triste dueño
la dulce munición del blando sueño,
alimentando vanos pensamientos…

Tal vez su soneto más famoso, y uno de los mejores de toda la poesía en castellano, recrea el tema clásico del carpe diem:

…goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no solo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ella juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Este otro endecasílabo va en la misma línea, y también es magnífico:

Arde el río, arde el mar, humea el mundo…

Porque la vida es breve y todo, vanidad (Góngora está mayor y desengañado, el siglo XVII avanza mientras todo se despeña o se deshace: ya estamos en pleno barroco. Del que, creo, que no hemos salido. O al que estamos entrando de nuevo sin remedio):

Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas,
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.

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