Lo que parecía

Los atracos perfectos solo suceden, y muy de vez en cuando, en las películas. En la vida real siempre surgen inconvenientes e imprevistos. Es más, la vida real no es más que una sucesión de ellos. Así que, hablar de mala suerte, sobra.

A este atracador, a pesar de su escasa y deficiente preparación, sí que parece sobrarle la mala suerte. Debía haber elegido otro lugar con más posibilidades y haber construido con algo más de pericia aquello que iba a esgrimir a modo de amenaza. A pesar de que era noviembre, ese día hacía calor.

Ahora -aunque bastante tarde: ya han pasado siete años de aquello- tendrá que pagar las consecuencias de su mala suerte, de su mala cabeza. Y de que aquello se descuajaringara en el momento clave.

pistola

Veintiún meses de cárcel por robar en una pollería
con una pistola que se le desmontó

El juzgado de lo penal número 2 de Badajoz ha condenado a Juan Carlos V. P. tras ser encontrado culpable del robo cometido el 26 de noviembre de 2006.

Ese día, haciendo uso de un pasamontañas para ocultar su identidad, entró en el establecimiento ‘El Palacio del Pollo Asado’ de la avenida Carolina Coronado y esgrimió «lo que parecía una pistola» ante el empleado del establecimiento mientras lo cogía del pecho y le exigía que le entregara el dinero.

El asalto no llegó a perpetrarse porque el instrumento que portaba se desmontó, momento en el que el delincuente golpeó al empleado y huyó del establecimiento sin apoderarse de efecto alguno.

No deja de ser impactante la imagen de alguien que entra en un asador de pollos con un pasamontañas. Y si ya el tipo parece que esgrime una pistola, pero si te fijas, compruebas que no es una pistola, sino algo -no sé, un tubo, un grifo- que parecía una pistola, ya no eres capaz de discernir si estás ante un atraco o una escena de carnaval a destiempo.

Porque cuando la esgrime como amenaza para que le entreguen el dinero -o tal vez un par de pollos, más bien tostaditos- la pseudopistola o, como bien dice la noticia, el instrumento que portaba, aquello, en definitiva, se desmontó. Todo se vino abajo. Así que, de nuevo, una vez más, tuvo que huir sin poder llevarse nada.

Ahora le han condenado por robo con violencia, y según dice la sentencia, por hacerlo con empleo de medio peligroso, aquello que parecía una pistola y se desmontó en el peor momento. Como aquello que parecía un robo y acabó como una escena ridícula. Como su vida, que se fue al traste hace ya mucho tiempo.

Cuando se desarmó aquello que parecía una pistola, sintió que otra vez volvía a ir todo mal, que el fracaso, de nuevo, otra vez le perseguía, y sintió ya no rabia, sino toda la pena y la desolación posible, allí solo, en mitad de El Palacio del Pollo Asado.

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