La memoria de los gusanos

De niños sentíamos admiración por la figura del científico, especialmente si hacía experimentos y estaba loco.

Algunos, a la salida del colegio, llevaban a la práctica esta veneración por la ciencia experimental y, después de cazar pequeños insectos, arañas, mariposas o pequeñas lagartijas, los sometían a diversas pruebas, que iban desde la ingestión forzada de pequeñas hebras de tabaco o gotas de alcohol para comprobar sus reacciones, hasta el desmembramiento en vivo.

También había quien les acercaba lentamente una cerilla encendida para ver cómo se chamuscaban, o quien directamente les atravesaba con un alfiler mientras se retorcían.

Por eso no me llama la atención la noticia que apareció el otro día en la prensa, apenas vista, supongo, entre tanta pestilencia y desfachatez en las que están anegados los periódicos estos días. Pero creo que merece ser recuperada.

recuerdos

Un gusano, capaz de regenerar los recuerdos tras ser decapitado
Los científicos seccionaron la cabeza y cuello del gusano, tras lo cual comenzó a regenerarse físicamente, pero también a recuperar lo aprendido

No sé por dónde empezar. Vamos a obviar, de momento, el plantearnos qué tipo de recuerdos puede tener un gusano o si puede llegar a sentir nostalgia al recuperarlos. Sería, en todo caso, una nostalgia subterránea.

Ya es raro que, una vez seccionada la cabeza, te vuelva a salir, por muy desarrolladas que tengan las propiedades regenerativas. Resulta bastante sorprendente. Y tranquilizador a un tiempo. Para estos gusanos, entonces, es lo mismo ir a la peluquería que visitar al verdugo. Si lo quieres muy corto te puedo pegar un tajo en el cuello…

Estos científicos -un tanto jacobinos- comprobaron que, una vez desarrollada su nueva cabeza, “el gusano había recuperado sus habilidades aprendidas”.

En un principio actuaban como si no se acordaran de nada, pero con un breve entrenamiento en el que se les ayudaba a encontrar la comida, estos gusanos volvían a hacer lo mismo que hacían antes de que les seccionaran la cabeza: se acordaban.

No sé. Lo explican mejor en Journal of Experimental Biology. Aunque a mí me acometen varias dudas y algunas preguntas.

Con la nueva cabeza, ¿el gusano se sigue reconociendo en el espejo?, o se pregunta por la mañana, ¿quién es ese tipo que me mira con resaca?

¿No será acaso que, más que recuperar la memoria o los recuerdos, lo que recupera en realidad es la rutina diaria en la que llevan metidos desde hace años en esas inhóspitas y previsibles salas de laboratorio?

Pero en fin. No todo está perdido entonces. Si todo esto es cierto, Sleepy Hollow y María Antonieta se podrían llegar a enamorar.

Aunque lo más probable es que todas estas cuestiones que se plantean tengan una explicación más sencilla. Seguramente los gusanos no recuperan los recuerdos porque no los han perdido. ¡Es estúpido pensar que se alojan en la cabeza, en uno de los pliegues del cerebro! ¡Ahí no están! (Bien pensado, la cabeza no sirve para casi nada)

Los recuerdos viven en otra parte del cuerpo, viven el corazón, acurrucados, a salvo de los tajos.

E incluso los gusanos tienen corazón.

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4 comentarios sobre “La memoria de los gusanos

  1. “Tell me where is Fancy bred,
    Or in the heart or in the head?
    How begot, how nourishèd?”

    Yo quiero saber si tienen recuerdos de la decapitación.

    Y, también, quiero saber cómo puede ser que un gusano tenga tan buena memoria mientras que las personas nos olvidamos de (casi) todo, incluso sin perdernos la cabeza.

    Aparte de eso, si tardaban una quincena en regenerarse la cabeza, ¿no sería una simple cuestión de tener hambre que les hacía capaces de superar sus miedos para buscar comida?

    1. Al final, como casi siempre, la respuesta está en la etimología.
      Recordar tiene su origen en la unión del prefijo re, de nuevo, volver a, y del sustantivo cor, cordis, en latín, corazón. Concordia o discordia siguen el mismo esquema.
      Aunque ahora todo es mucho más cerebral. Aunque esté hueca la cabeza.

      1. Entonces, ¿’estar cuerdo’ es tener el corazón sano? De verdad, nunca lo había pensado.
        (En inglés es re-member, pero no sé a cuál de los miembros se refiere.)

        Y, ya que hablamos de bichitos, ¿no será la entomología?

      2. No.

        Estar cuerdo no es tener el corazón sano. Es estar de acuerdo, en armonía con él. Con el corazón.

        Y ¿quién lo está? ¿Quién lo puede estar? ¿Quién vive según lo que le va diciendo -o sintiendo- el corazón?

        La vida, en definitiva, no es para cuerdos.

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