De vida efímera

Cistus laurifolius

El mismo sol que las hizo germinar y luego brotar, ahora las calcina. No son ya flores. Ya no existen. Ni siquiera son memoria. Los levísimos pétalos blancos apenas duraron unas escasas semanas. Luego, fueron cayendo. El viento, la fuerte lluvia, su propia levedad…

Lo que queda ahora es el cáliz, quemado y crujiente, con forma de flor. Protegieron primero y sujetaron después los pétalos de esas flores. Tan blancos y magníficos. Ahora esos cálices calcinados, antes de caer, juegan unos días a ser también pequeñas flores.

Es verano.

Cistus laurifolius2

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