Más tripas que corazón

De niño asistí a alguna.

Recuerdo las mañanas de invierno, frías y secas, el chillido brutal del animal -que se me hacía interminable- antes de morir del todo, y el chorro de sangre, como si saliera de un grifo, cayendo en un cubo.

Lo único que me gustaba de aquello era su nombre, cómo la llaman, con absoluta naturalidad, sin rodeos y de forma tan descriptiva. Matanza.

Que sea una secular forma de subsistencia, que ahora vuelve a ser cada vez más habitual en las zonas rurales, forzados, como estamos, a la autosuficiencia, puede tener un pase, pero convertirla en algo artístico o estético, no sé, me parece una contradictio in terminis.

matanza

Fotos artísticas sobre la matanza
05/08/2013. La Plaza de Abastos acoge hoy la inauguración de una exposición de fotografías sobre la matanza extremeña. (…) La muestra, De tripas, corazón, que será permanente un tiempo, comenzará a las 11.00 horas.

¿Puede ser una matanza artística? ¿Se puede, al menos, fotografiar de forma artística? ¿Probó el fotógrafo algo de la chacina? ¿Y cuánto vino? ¿Son las tripas humeantes un buen motivo artístico? ¿Podemos hablar, a pesar de que aún palpitaban, de naturaleza muerta? ¿Qué opinaría el cerdo de todo esto? ¿Hubiera preferido morir de forma anónima en un matadero?

Ah, y como dice la nota del periódico, la muestra fotográfica será permanente un tiempo en la plaza de Abastos.

Como la vida.

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2 comentarios sobre “Más tripas que corazón

  1. “¿Son las tripas humeantes un buen motivo artístico?”
    Ese “motivo” ¿quiere decir motif” o “motive”?
    Quizás son las dos cosas.

    Yo tengo varios poemas escritos a medias que tratan de la matanza. Pero, como sólo he escuchado los gritos y chillidos desde el campo de al lado y nunca he llegado a ver la “ceremonia”, los poemas quedan a la espera del momento en que me atrevo a meterme en YouTube y buscar.

    (Ya llevan unos añitos esperando.)

    1. Como yo ya estado en algunas -en aquellos años prehistóricos de la infancia- pues sí me he atrevido a entrar en YouTube.

      Tal vez el recuerdo lo suaviza todo, vuelve incluso artístico lo más atroz. Pero verlo de nuevo me ha resultado insoportable. Vamos, que me he salido del vídeo en cuestión sin que terminara. (¿Cómo son tan escrupulosos los de YouTube para otras cosas que sí que filtran y prohíben?)

      Aunque también reconozco que resulta fascinante cómo se aprovecha prácticamente todo del animal. Y cómo servía -y sirve- para completar la dieta de una familia casi durante un año.

      Si hay algo artístico en esta milenaria ceremonia, desde luego que no es la matanza en sí, sino en la manera de convertir todo esto en algunas de las más altas delicias culinarias. Siempre que no seas vegetariano, claro.

      La vida tiene estos contrasentidos.

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