En una roca

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Llevada por el viento, una semilla germina, de manera prodigiosa, en cualquier resquicio. Un poco de tierra en la hendidura de la roca y unos días propicios de lluvia son suficientes. No hace falta más.

Se yergue ahora al sol, ya seca, con cierto -y justificado- orgullo.

Nosotros, sin embargo, hemos olvidado que se necesita muy poco para brotar.

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