domingo tarde

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en esta tarde tonta de domingo
uno se siente tan sólo que solo
le hace compañía el zumbido de
la cabeza funcionando para qué

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Novedades discográficas

Will Oldham es un cantautor estadounidense nacido en 1970 que está dejando desde 1993, año en que editó su primer single, una discografía lo suficientemente enmarañada como para perderse en ella, con sucesivos cambios de nombre –Palace, Palace Brothers, Palace Songs, Palace Music-, seudónimos –Bonnie ‘Prince’ Billy– e incontables colaboraciones con otros artistas o grupos. Como si uno de sus objetivos fuera no dejarse atrapar.

Ahora nos ha dejado un nuevo disco de menos de media hora de duración con diez canciones. Son hermosas como un dibujo a lápiz.

Un color bien definido

M-MachadoEn cierta ocasión, cuando le preguntaron al cabrón de Borges que qué le parecía la poesía de Antonio Machado, respondió sorprendido: “¿Antonio? No sabía que Manuel tuviera un hermano?

Pues sí. De la misma manera que Manuel tenía un hermano, Antonio tenía otro: el mismísimo Manuel Machado, tintineante poeta modernista en los primeros años del siglo XX, una especie de cruce entre Zorrilla y Verlaine, que, cuando se le pasaron las fiebres juveniles, se dedicó el resto de su vida a cincelar unos poemas sin gracia, marmóreos, ultramontanos y catoliquísimos.

Pero fue todo un personaje. Alguien que confesó que lo que más le hubiera gustado ser en esta vida, mucho más que poeta, era ser un buen banderillero.

Aunque creo que, al final, ha pasado a la historia por ser el autor del verso más chirriante y grimoso de toda la literatura española. El tal verso pertenece, claro, a un soneto que dedicó a un tal Francisco Franco. El soneto en sí -tiene otros también muy buenos dedicados a José Antonio Primo de Rivera y al general Mola-  no tiene desperdicio, pero el endecasílabo del que les hablo, y con el que remata el último terceto, es definitivo. Está tan emocionado que termina exclamando:

¡La sonrisa de Franco resplandece!

Lo que les dije: chirrían esos dientecillos apretados y dan bastante grima solo imaginarlos.

Todo esto -y es mucho- no quita para que en sus primeros años, Manuel -el hermano de Antonio- fuera un poeta con gracia y talento, pletórico, musical y predecible como un organillo a veces o una caja de música, otras.

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Por azar, he pasado un par de tardes leyendo un librito que, por azar, cayó hace tiempo en mis manos y que, olvidado años y años, ahora, un poco por azar, he abierto para que le diera la luz de la tarde a sus amarillentas hojas.

De paso, lo leí.

Reúne dos poemarios, Alma, su primer libro, de 1901, y Apolo. Teatro pictórico, de 1911. A pesar de todo lo que cuento aquí, he pasado un buen rato con su lectura. Pero el libro vuelve ahora a la estantería, y me temo que va a ser per secula seculorum.

Me hizo gracia, por ejemplo, entre otras muchas cosas, cuando, al referirse a España, la califica como un país viejo y semisalvaje. Lo sigue siendo, claro, y creo que aún más todavía que entonces.

En el poema inaugural de Alma deja caer este verso con el que me resisto a identificarme sin conseguirlo (sin conseguir resistirme, digo):

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…

En otro de los poemas -con cierto aire preborgiano, por cierto- describe la llegada de una caravana a un oasis. Beben, descansan y, ya de noche, intentan dormir. Pero…

…en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.

Más en la línea modernista, al detallar cómo es el sombrero de una delicada joven, nos describe con inaudita precisión el color de la tela de sus lazos:

…color pierna de ninfa emocionada.

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El mal repartido mundo

El de periodista se ha convertido estos últimos tiempos en un oficio extraño y difícil. Entre el vértigo y la falta de referencias estables continúan intentando hacer su trabajo. El desprestigio empieza a ser algo con lo que tienen que convivir.

El otro día descubrí este titular, que es casi más extenso que la breve noticia que acompaña. Me gustó. Es apenas un breve y trata de un asunto peculiar.

papelerasEl mal repartido mundo de las papeleras
Plasencia. 17.09.13
El déficit de papeleras que presenta el centro urbano, incluidos itinerarios turísticos, contrasta con la abundancia de este mobiliario urbano en calles, como la de Luis Vélez de Guevara, en las traseras de la avenida de Salamanca. Se trata de un solitario vial, ubicado en una zona sin edificar, en la que curiosamente, en poco más de 200 metros se cuentan hasta 15 papeleras. Algo impensable en el centro donde hay calles en las que encontrar una tiene premio…

Sí, resulta paradójico todo ese exceso en un solitario vial de una zona sin viviendas ni tránsito, que no hace más que poner de manifiesto lo mal repartido que está el mundo de las papeleras.

Aunque no sólo.

Adivinatoria

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No pienso llamar ni pedir cita, y, mucho menos, ir. No porque no sea amigo de estas historias de adivinación o curanderismo, que no lo soy, antes al contrario, sino porque hay algunas afirmaciones en el texto que me causan cierta inquietud.

Lo que me da más miedo es que se presente como auténtico vidente. Aunque también hay otras cuestiones que resultan perturbadoras, como el que la adivinación sea completa y clara, que los resultados estén garantizados.

Podría soportar una historia falsa, fantasiosa, aproximada y difusa sobre lo que me espera. Algo lleno de símbolos y rodeado por una densa bruma de esperanzas y decepciones, sin poder discernir apenas unas de otras. Pero no que un vidente auténtico me mostrara una adivinación completa, y lo que es peor, clara.

¿Quién podría soportar algo así? Todo lo que nos espera, minuciosamente expuesto.

Y ya sería el colmo que lo que nos predijera fuera una vida llena de acontecimientos agradables y de dicha hasta los lejanísimos días de nuestra plácida vejez.

Sería horrible.

Un deseo imposible

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Estoy sentado en un banco. Los árboles dan una sombra generosa en estos días finales, todavía calurosos, del verano. El sol filtra su luz de septiembre a través de las ramas. Algunas hojas están empezando a secarse por los bordes. Ya hay algunas en el suelo.

La gente viene y va, pasa por la acera de enfrente como si desfilara por una pasarela. Los niños están saliendo del colegio. Todo es perfecto y suave en esta tarde tranquila. Y sin embargo…

Ojalá pudiera volver a vivir los años de la despreocupación.