Un color bien definido

M-MachadoEn cierta ocasión, cuando le preguntaron al cabrón de Borges que qué le parecía la poesía de Antonio Machado, respondió sorprendido: “¿Antonio? No sabía que Manuel tuviera un hermano?

Pues sí. De la misma manera que Manuel tenía un hermano, Antonio tenía otro: el mismísimo Manuel Machado, tintineante poeta modernista en los primeros años del siglo XX, una especie de cruce entre Zorrilla y Verlaine, que, cuando se le pasaron las fiebres juveniles, se dedicó el resto de su vida a cincelar unos poemas sin gracia, marmóreos, ultramontanos y catoliquísimos.

Pero fue todo un personaje. Alguien que confesó que lo que más le hubiera gustado ser en esta vida, mucho más que poeta, era ser un buen banderillero.

Aunque creo que, al final, ha pasado a la historia por ser el autor del verso más chirriante y grimoso de toda la literatura española. El tal verso pertenece, claro, a un soneto que dedicó a un tal Francisco Franco. El soneto en sí -tiene otros también muy buenos dedicados a José Antonio Primo de Rivera y al general Mola-  no tiene desperdicio, pero el endecasílabo del que les hablo, y con el que remata el último terceto, es definitivo. Está tan emocionado que termina exclamando:

¡La sonrisa de Franco resplandece!

Lo que les dije: chirrían esos dientecillos apretados y dan bastante grima solo imaginarlos.

Todo esto -y es mucho- no quita para que en sus primeros años, Manuel -el hermano de Antonio- fuera un poeta con gracia y talento, pletórico, musical y predecible como un organillo a veces o una caja de música, otras.

DSCN0707

Por azar, he pasado un par de tardes leyendo un librito que, por azar, cayó hace tiempo en mis manos y que, olvidado años y años, ahora, un poco por azar, he abierto para que le diera la luz de la tarde a sus amarillentas hojas.

De paso, lo leí.

Reúne dos poemarios, Alma, su primer libro, de 1901, y Apolo. Teatro pictórico, de 1911. A pesar de todo lo que cuento aquí, he pasado un buen rato con su lectura. Pero el libro vuelve ahora a la estantería, y me temo que va a ser per secula seculorum.

Me hizo gracia, por ejemplo, entre otras muchas cosas, cuando, al referirse a España, la califica como un país viejo y semisalvaje. Lo sigue siendo, claro, y creo que aún más todavía que entonces.

En el poema inaugural de Alma deja caer este verso con el que me resisto a identificarme sin conseguirlo (sin conseguir resistirme, digo):

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…

En otro de los poemas -con cierto aire preborgiano, por cierto- describe la llegada de una caravana a un oasis. Beben, descansan y, ya de noche, intentan dormir. Pero…

…en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.

Más en la línea modernista, al detallar cómo es el sombrero de una delicada joven, nos describe con inaudita precisión el color de la tela de sus lazos:

…color pierna de ninfa emocionada.

alma-museo

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