Todo lo demás

apolonio

Ya estoy de vuelta otra vez al siglo XIII. Qué manía. Puede dar la impresión de que no me encuentro muy a gusto en estos años en los que me ha tocado vivir. Y puede que sea cierto. Aunque luego uno piensa en cómo vivían realmente en aquellos tiempos y da un poco de pereza, cuando no de miedo, directamente.

Pero me sigue resultando agradable perderme -durante unas horas- en aquellos años tan lejanos que no parecen reales, tan nítidos, al leerlos, que no parecen lejanos.

Descubre uno en estos libros olvidados que los resortes, los trucos, los argumentos, la manera de estructurar la obra, de jugar con el lector -u oyente-, manteniéndole en vilo, entreteniéndole, dilatando una y otra vez el final feliz, estafándole -en el buen sentido de la palabra-, son los mismos que los que utilizan los libros o las películas de hoy en día.

Esto ocurre en el Libro de Apolonio, traducción castellana en verso -en cuaderna vía, otra vez- de una famosa novela latino-medieval –Historia Apollonii Regis Tyrii– escrita allá por los siglos V o VI. Aunque el manuscrito que conservamos de nuestra traducción en verso es bastante tardío, de mediados de siglo XIV. Pero dicha traducción original debió de escribirse alrededor de 1250. Estaba en auge entonces el mester de clerecía.

libro de apolonio

El libro sigue el modelo de la novela bizantina, una pura peripecia en la que se suceden las más enrevesadas e increíbles aventuras que, después de que los protagonistas implicados las pasen más que canutas, concluye en un esperadísimo -e inevitable- final feliz.

Ahora siguen haciendo lo mismo.

El héroe está marcado por un destino que lo arrastra a un continuo peregrinar. Y en ese peregrinaje vertiginoso, hay incesto, desafíos a muerte, persecuciones, naufragios, asesinatos, traiciones, rapto por parte de unos piratas, muertes falsas, abandonos, venta de la hija del protagonista a un prostíbulo, reyes disfrazados de pescadores, apariciones, profecías, idas, venidas, desgracias -aparentemente- irreparables, y finalmente el encuentro y reconocimiento de los que se creían perdidos para siempre.

Yo me he aburrido leyéndola.

La forzada historia -Apolonio pierde el reino, pierde la mujer y pierde la hija; Apolonio recupera la hija, recupera la mujer y recupera el reino-, bastante prolija, llena de aventuras y de casualidades salvíficas de última hora, tiene un propósito moralizante, que no es otro que el de recalcar que el mal siempre conlleva un castigo y que quien practica el bien siempre obtiene su premio.

Ah, la literatura.

apollonii

Si como poeta deja nuestro anónimo autor bastante que desear, como traductor y narrador su talento es incuestionable. Pero, claro, lo que pretendía simplemente era verter el original latino a la lengua castellana y contar una historia, la de Apolonio, rey de Tiro. Lo de la poesía, pues como que le traía al fresco.

Con todo, he rescatado algunos fragmentos.

No se le puede negar la viveza de algunas descripciones, como ésta de unas fiestas en honor al rey:

Fumeyaban las casas, fazian grandes cozinas,
trayén grant abundancia de carnes montesinas,
de tocinos e vacas, rezientes e cecinas,
non costaban dinero capones ni gallinas.

También sabe escenificar los encuentros, como en el caso de Luciana y Apolonio, que rescatado de un naufragio, desconocido, pobre y casi sin ropa, gracias a su destreza en los deportes y en la música -dos de las grandes pasiones de la juventud también ahora- consigue acceder a la corte. Allí toca la viola ante la hija del rey, que como habrán adivinado se terminará casando con nuestro héroe:

Alçó contra la dueña un poquiello el cejo,
fue ella de vergüenza presa un poquillejo;
fue tañendo el arco, egual e muy parejo,
aviés cabiá la dueña de gozo ‘n su pellejo.

Fue levantando ‘l rey unos tan dulces sones,
doblas e deballadas, temblantes semitones;
a todos alegraba la voz los corazones;
fue la dueña tocada de malos aguijones.

Vamos, que a ella le hizo tilín con esos temblantes semitones. Luego vino todo lo demás.

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