Novedades discográficas (3)

Ed_Askew_For_The_WorldFor the World. Ed Askew. Tin Angel Records, 2013.

Ed Askew tiene una gorra de cuadros que, a pesar de no combinar con sus camisas de cuadros, le sienta estupendamente. Incluso con esos tirantes.

Deben ser los años. Son ya unos cuantos más de setenta.

Allá por el siglo pasado, cuando acababa de cumplir los veintiséis, se marchó a Nueva York. Le gustaba pintar, pero también componía canciones acompañado de una pequeña y extraña guitarra, que en realidad era un tiple, una especie de ukelele barítono de diez cuerdas.

Llegó a grabar, en aquel año de 1967, un elepé. Ask the Unicorn. Apenas nadie le escuchó. Hoy es una especie de joya oscura y brillante de un folk levemente ácido, aproximadamente psicodélico.

Al año siguiente grabó Little Eyes pero no llegó a ser editado. Ed Askew se concentró entonces por completo en la pintura y la escritura. Solo de vez en cuando actuaba en algún pequeño local. Siempre en la zona de los alrededores de Nueva York.

Casi cuarenta años después es descubierto por jóvenes deslumbrados por su música. Editan por fin Little Eyes y Ed Askew, con la misma ilusión de siempre, vuelve a grabar sus canciones, en cassettes, discos autoeditados o en pequeños sellos. Rainy Day Song en 2008, Imperfiction en 2011 y ahora For the World en este 2013.

En estos mismos días está de gira por Europa. Es la primera vez que viene a tocar.

Sus canciones son muy básicas. Son tranquilas epifanías que celebran la vida, la naturaleza y el amor, las posibilidades que, a pesar de todo, aún conservan intactas. Son poéticas pero están a miles de kilómetros de cualquier atisbo de pretenciosidad. Son humildes y están impregnadas a menudo por un suave sentido del humor.

Son tan sencillas que esconden la complejidad de la vida, son tan ingenuas que saben mucho más que nosotros, son tan frágiles que son irrompibles. Puede que sean algo melancólicas -tal vez- pero nos hacen sentir mejor.

Estas diez canciones nos proponen, más que un viaje, un paseo por ese lugar que tenemos tan cerca y que casi nunca transitamos, que está entre nuestros sueños y nuestra vida diaria.

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Comparativa (4)

puerta

como predicar en el desierto un día de mucho calor
como un espejo de cara a la pared
como haber perdido la llave de una caja fuerte vacía
como un hidroavión aterrizando en tierra
como un salón de baile después del baile
como un trapecista con vértigo
como naufragar en una playa demasiado concurrida
como un jardín abandonado
como un canguro viviendo en un piso de techo bajo
como un mapa del tesoro deliciosamente impreciso
como una caja de música en el fondo del mar intentando sonar
como un relámpago reflejado en un espejo
como los ovillos de lana en la cesta de costura a la luz de la última hora de la tarde
como el ala rota de un pájaro pequeño

Aviones en el cielo

Delichon_urbicum_adult_1894Delichon urbicum
A Monograph of Hirundinidae or Family of Swallows
. Richard Bowdler Sharpe. 1894.

Que la muerte de un pájaro se abra un huequecito entre las noticias del día es, no solo algo sorprendente, sino uno de los escasos síntomas que nos indica que no todo, a pesar de lo que pueda parecer, está perdido.

Aún queda espacio, aunque sea en los márgenes.

Unos alumnos de Zoología durante unas prácticas, mientras analizaban los restos -que tienen, a pesar de su origen y aspecto, el helénico y casi épico nombre de egagrópilas- no digeridos y regurgitados de un cárabo, distinguieron entre ellos los huesos de un avión común, su pequeño fuselaje.

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Muere el ejemplar de avión común más longevo
Un ejemplar de pájaro de la especie conocida como avión común, que fue anillado en 2005 por la Universidad de Extremadura y SEO/BirdLife, ha muerto recientemente en las garras de un cárabo, siendo el más longevo de España.

Muchas de las líneas trazadas con pasmosa agilidad y precisión en los cielos de nuestras ciudades y pueblos, las dibujan grupos de aviones comunes (Delichon urbicum), ave que pertenece a la familia de las golondrinas, se alimenta de los insectos que captura al vuelo y construye sus nidos de barro bajo los alféizares y aleros de los edificios para disgusto de sus dueños.

Éste del que hablan los periódicos, fue anillado hace ocho años, cuando era un polluelo, dentro de un proyecto ornitológico para estudiar las poblaciones y los movimientos de esta especie.

Ahora, al analizar las bolas regurgitadas, formadas por los restos de alimentos que resultaron indigeribles -las egagrópilas, para entendernos- de uno de los cárabos comunes que rondan el campus, han encontrado, junto a los huesos de un pequeño pájaro, la anilla con la que fue marcado hace ocho años. Como para digerirla.

No se conoce ningún caso de mayor longevidad. Vivir ocho años, para un avión común, es del todo inusual. Su esperanza media es de dos o tres años tan solo.

También resulta extraño que este pájaro, que pertenece a una especie migratoria y que se desplaza largas distancias, haya terminado sus días en un lugar que dista apenas cuatrocientos metros de donde fue anillado. Tal vez viajó a África y después supo volver con increíble precisión al lugar de de donde partió.

Hace no mucho, debió morir -también- en extrañas circunstancias. No es una presa común para el cárabo. Vuela demasiado deprisa. No se posa para alimentarse. Tal vez descendió a tierra para coger barro con el pico para construir un nido. ¡Un nido! -se dijo- ¡a estas alturas!. Y allí debió cazarlo el cárabo.

Que se dio un buen festín. Aunque algo indigesto con la maldita anilla.

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¿Somos parte de algo -una bola deforme e indefinida de cosas indigeribles- que han regurgitado otros o somos nosotros los que, de vez en cuanto, vomitamos aquello que no podemos digerir? ¿Por qué lo hemos engullido entonces?

¿Moriremos también tan cerca de nuestro lugar de partida? ¿Lo haremos después de haber dado varias veces la vuelta al mundo o, acaso, sin habernos nunca alejado mucho de él? ¿Viviremos más de lo que pensamos? ¿Nos dará tiempo o nos sobrará? ¿Por qué el cielo es tan azul?

¿Cuántos vuelos son necesarios para construir un nido de barro con el pico? ¿Tiene sentido construir cada año un nuevo nido? ¿Cuándo nos atacará el cárabo con sus garras por la espalda? ¿Conservaremos cuando eso ocurra, al menos, la anilla?

Las cosas más importantes del día

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Anoche, cuando volvía de tirar la basura -probablemente lo más apasionante que hice en el día, si exceptuamos el salir un rato por la mañana a comprar el pan- vi el gran chopo que hay un poco más allá del portal con las hojas más amarillas aún, resistiendo los golpes del viento frío de la noche, iluminado desde abajo por el desganado resplandor de las farolas de luz naranja, moviendo las hojas a la vez como si ardieran o estuvieran bailando sobre un escenario, con un color tan intenso en mitad de la oscuridad de la noche que parecía que ya me había metido en la cama, que ya había logrado conciliar el sueño y que estaba soñando con un chopo enorme mecido por el viento en medio de una noche muy oscura, tan amarillo que parecía que estuviese a punto de arder.

Luego me metí en la cama y apenas pude conciliar el sueño. Cuando pude, al fin, dormirme, el chopo ya había ardido.

Considerando la tierra en su conjunto

palas

A pesar de su dureza, tan absolutamente metálica, han llegado a perder, en alguna vieja batalla, algún diente, y ahora el óxido, donde antes hubo una brillante y pulida lámina, las cubre.

A pesar de su dureza, tan absolutamente metálica, que no les permite ni hablar siquiera entre ellas, les gusta permanecer juntas en silencio, al sol o bajo la lluvia, recordando los buenos viejos tiempos.

Pero no se resignan. A pesar de su dureza, tan absolutamente metálica, llevan mal la inactividad, esa paz fría de las naves y las explanadas. Aún pueden trabajar y, de hecho, de vez en cuando, alguien recurre a ellas para cosas de poca enjundia. Al final de la jornada regresan rejuvenecidas y manchadas de barro.

Ahora ven pasar el tiempo, casi inertes, en silencio, una al lado de la otra, como si hubieran caído por azar en esa pequeña explanada a la puerta de la nave. Probablemente tampoco hablarían si pudieran.

Su antigua voracidad y violencia, considerando la tierra en su conjunto, no era más que una leve caricia.

Cuando llueve, les gusta recoger algo de agua de lluvia. Siempre hay un pájaro que se posa a beber.

Estorninos

Pasar parte de la jornada laboral -incluso si eres taxista- debajo de unos árboles frondosos, debía ser un lujo, especialmente en verano. Los árboles, los pájaros, su trino, el rumor de la fronda, una agradable sombra, las chicas que pasan… Pero también tiene sus inconvenientes. No todo es como lo pintan, ni como uno imagina o quiere.

Tienen la parada de taxis bajo unos árboles y lleva ya unas semanas lloviendo -literalmente- mierda. Sus quejas han llegado a los periódicos:

estorn

Los taxistas se quejan de la suciedad de los estorninos
Piden la poda de los árboles de Primo de Rivera para evitar tantos excrementos de pájaros en la parada frente al edificio Múltiples
14.11.13 – S. L. | CÁCERES
«Esto se llena de pájaros cuando oscurece, alrededor de las siete de la tarde, y si estamos fuera del taxi nos cagan encima. Los coches están llenos de mierda, y también el banco de metal que hay frente a la parada de taxis», afirma el taxista M. S.

A partir de septiembre, huyendo del frío estepario de las llanuras, se refugian en el calor de las ciudades, agolpándose en las tupidas copas de los árboles. Son cientos, miles, y no paran de emitir sus desordenados cantos y de dejar caer -en este caso, sobre los taxis y los pobres taxistas- sus corrosivos excrementos.

En muchas ciudades los estorninos son considerados una plaga y se disparan cohetes o sueltan halcones para asustarlos y hacerles marchar a esas frías llanuras de donde han venido.

Aparcar ahora bajo un árbol es una temeridad. Sus excrementos corroen la brillante carrocería de los coches. Incluso, también, la piedra de las estatuas y monumentos.

estornino

Pero como todo esto no puede ser tan simple, decidí darme una vuelta por la wiki para enterarme -un poco, así por encima- acerca de cómo son y cómo viven estos pájaros que han sacado de sus casillas a estos taxistas.

El Sturnus vulgaris es, efectivamente, un ave ruidosa y muy gregaria que a menudo se agrupa en bandadas. Y, también efectivamente, tiene un canto insistente, variado pero muy poco musical. Algo así como los grupos de jóvenes un viernes por la noche.

Estas grandes bandadas son beneficiosas en el campo, porque acaban en un pispás con ciertas plagas, ya que son extremadamente voraces con los insectos y otros invertebrados. Pero, claro, como casi siempre, suele ser peor el remedio que la enfermedad, y estos mismos estorninos son también una plaga ellos mismos. Picotean los frutos de manera desordenada e incluso llegan a desenterrar los brotes tiernos de los cultivos.

Me entero también en la wiki de que en tierra no saltan, sino que andan deprisa o corren como si llegaran tarde. Aunque en el aire ya es otra cosa.

Su vuelo es rápido, firme y directo. Cuando están en bandadas despliegan una prodigiosa y cambiante coreografía, vuelan y giran al unísono, aunque sean miles, sin estorbarse, forman una masa esférica que se compacta y se diluye, se estira como una serpentina y, en un segundo, se vuelve a compactar.

bandada_estorninos

Suenan, al batir sus alas, como un murmullo o zumbido que se puede escuchar a cientos de metros. Tapan el sol. Hasta que, de la misma forma que han despegado a la vez, de manera coordinada, aterrizan a un tiempo, vertiginosa y suavemente.

También nos cuenta la wiki que el estornino apenas puede permanecer en silencio. Suele imitar el canto de otras aves e, incluso, otros sonidos de origen natural. Los repite varias veces en una serie de secuencias variables. Suele finalizar con unos clics que repite en un tono más alto. Dice también la wiki que cada ave tiene su propio repertorio.

Durante la época de la reproducción los machos cantan sin parar, aunque después del apareamiento, claro, lo hacen mucho menos y con menos fuerza.

Pero los estorninos no solo cantan durante de la temporada de la reproducción. Se han llegado a distinguir hasta once tipos distintos de llamada: de bandada, de alarma, de ataque, de gruñido, de cópula… Pían mientras comen, gritan mientras se pelean, charlan cuando están posados en alguna torreta eléctrica y gorjean cuando se bañan.

En un apunte más erudito, sigue contando la wiki que Mozart tenía un estornino pinto que podía cantar parte de su Concierto para piano en sol mayor (KV. 453). Supongo que sin necesidad de partitura.

Canto_del_Estornino_Mozart

Su historia es curiosa (la del estornino). Mozart, al pasar por delante de una tienda, oyó a un pájaro cantar una frase de una obra que escribió hacía pocas semanas y que aún no se había interpretado en público. Entró en la tienda como hipnotizado y compró el estornino. Amaba al pájaro. Cuando murió, tres años después, le organizó un funeral en toda regla.

Habrá que explicarles todo esto a los taxistas.