La vida en los bosques (y 3)

(No tengo ninguna duda de que, si tuviera lectores, habrían recibido con alivio esa y del título.

Sí. Ya acabo. Ya termino con esta especie de monserga pre-hippie de vuelta a la naturaleza, a lo más básico, en busca de no sé qué armonía perdida. Esta entrada -dejadas atrás las otras dos- ya es la última.)

Llegan ahora los ruidos de la cercana autopista hasta el bosque. Incansables y monótonos. Grupos de turistas, también incansables y monótonos, se asoman a la laguna como a un santuario. Y se hacen fotos en posturas muy interesantes.

Pero a lo que vamos, para terminar con este libro –Walden o la vida en los bosques (1854)- me quedaban por traer aquí algunos párrafos más de H.D. Thoreau que explican algunas cosas. Y que me gustan especialmente.

Thoreau_House

1. ¿Cómo era la cabaña?

…mi casa no estaba acabada para el invierno, sino que era sólo una defensa contra la lluvia, sin revoque ni chimenea, con bastos tablones manchados por paredes, con amplias grietas que no evitaban el frío de la noche. Los blancos y tallados montantes verticales y los marcos de las puertas y ventanas recién cepillados le daban un aspecto limpio y aireado, especialmente por la mañana, cuando sus maderas estaban llenas de rocío, de modo que me figuraba que a mediodía exudarían una dulce resina. En mi imaginación retenía todo el día más o menos ese carácter auroral y me recordaba cierta casa en una montaña que había visitado el año anterior. Era una cabaña aireada y sin enlucir, idónea para entretener a un dios viajero y donde una diosa podía arrastrar sus vestidos.

2. Los muebles en el prado

Cuando mi suelo estaba sucio, me levantaba temprano y, tras sacar al exterior todos mis muebles y dejarlos sobre la hierba, con la cama y el armazón en una sola pieza, rociaba el suelo con agua, esparcía arena blanca de la laguna y luego la barría con una escoba hasta dejarlo limpio y reluciente (…). Era agradable ver todos mis enseres domésticos sobre la hierba, formando una pequeña pila, como el fardo de un gitano, y mi mesa de tres patas, de la que no quitaba los libros, la pluma y la tinta, en medio de los pinos y los nogales. Parecían contentos de verse fuera, como si no quisieran ser llevadas adentro. A veces sentía la tentación de extender un toldo sobre ellos y sentarme allí. Valía la pena ver brillar el sol sobre estas cosas y oír soplar libre al viento sobre ellas; los objetos más familiares parecen mucho más interesantes fuera que dentro de casa.

Walden_Pond_Winter

3. Un párrafo alucinado

El tiempo no es sino la corriente donde voy a pescar. Bebo en ella, pero mientras bebo, veo el fondo arenoso y advierto lo poco profundo que es. Su corriente delgada se desliza, pero la eternidad permanece. Querría beber en lo profundo, pescar en el cielo, cuyo fondo está empedrado de estrellas. No puedo contar ni una sola. No conozco la primera letra del alfabeto. Siempre he lamentado no ser tan sabio como el día en que nací. La inteligencia es un cuchillo afilado, discierna y penetra el sentido de las cosas. No deseo estar más ocupado con mis manos de lo necesario. Mi cabeza es manos y pies. Siento mis mejores facultades concentradas en ella. Mi instinto me dice que mi cabeza es un órgano para excavar, así como otras criaturas usan su hocico y patas delanteras, y con ella minaría y excavaría mi camino a través de estas colinas. Creo que el filón más rico está por aquí; juzgo por la varita adivinatoria y los finos vapores ascendentes, y aquí empezaré a excavar.

4. La soledad

Considero saludable estar solo la mayor parte del tiempo. Estar acompañado, incluso por los mejores, pronto resulta fatigoso y disipador. Me encanta estar solo. Nunca he encontrado un compañero tan sociable como la soledad. (…) Un hombre que piensa o trabaja está siempre solo, dondequiera que esté. La soledad no se mide por las millas de espacio que separan a un hombre de sus semejantes. Un estudiante realmente diligente en la poblada colmena de la universidad de Cambridge es tan solitario como un derviche en el desierto.

walden_path

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2 comentarios sobre “La vida en los bosques (y 3)

    1. Ah… muchas gracias.

      Prometo darme, al menos, una vuelta por lo que escribes. Pero, como suele suceder para otras cosas, cuando tengo tiempo, no tengo ganas, y cuando tengo ganas, no tengo tiempo.

      Thanks again.

      Mola que guste lo que escribo. Pero mola mucho más que guste a alguien en concreto.

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