Un solar

solar

Por mucho que hayamos vivido estos años de atrás una vorágine de construcciones, vivimos en tiempos de demolición.

Los solares de nuestras ciudades permanecen vacíos. Los vemos a diario cómo muestran, sobre las paredes de los edificios contiguos, el dibujo delineado de la casa que ya no existe, su altura, el tejado, los diferentes pisos, las habitaciones… Aquí hubo un dormitorio, aquí estuvo la cocina…

A veces queda un resto de papel pintado pegado a la pared o el tizne del humo del tiro de la chimenea. Pero lo que fue construido -y habitado- ya no existe. Las casas también se van.

Pero antes de hacerlo, se desploman abatidas y, entre el polvo de la destrucción, un ángel escapa.

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