La paz interior

molinos_miguelEn 1685 Miguel de Molinos, presbítero de la iglesia de San Alfonso en Roma, predicador de fama extraordinaria y director espiritual de altas damas y nobles señores, es encarcelado en la prisión de la Inquisición acusado de herejía. Dos años después será condenado a cadena perpetua. En 1696 muere en la cárcel. Tal vez alcanzó, durante esos horribles, oscuros y penosos años de celda, el más absoluto despojamiento y la paz interior.

Fue unos años antes, en 1675, cuando publica en Roma la Guía Espiritual que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz. Aquí empezó todo.

Con este libro va un poco más allá de las consideraciones teológicas, tan habituales durante esos años, y lleva al límite -e incluso sobrepasa- las más altas cuestiones de la pura especulación -que no le queda más remedio que abandonar- para seguir avanzando por el camino sin retorno de la contemplación, el abandono interior y la rara unión mística.

Su radicalidad -el alma no ha de hacer nada, ha de estar pura, aligerada de toda preocupación o meditación, quieta, alcanzando así un completo vacío espiritual, una nada absoluta– empieza a ganar adeptos y a desviarse peligrosamente de las doctrinas más convencionales de la Iglesia. Hasta que es acusado de difundir el quietismo en círculos secretos, de defender la licitud de los actos carnales y de inducir a despreciar los símbolos religiosos. Molinos solo aceptó como cierta la segunda acusación.

Acusado de inmoralidad y heterodoxia, fue condenado a cadena perpetua y a llevar continuamente el ignominioso hábito penitencial del sambenito. El mismo papa Inocencio XI -del que era amigo- ratificó la sentencia mediante una bula.

Irónicamente Molinos alcanzó su propósito de aniquilación de la voluntad, de suspensión de los sentidos y de la más absoluta quietud, en los oscuros y húmedos sótanos de una cárcel de la Inquisición. Las ratas, la bazofia del sustento, la soledad de la celda y el más absoluto desamparo y desprecio, compusieron un escenario ideal para alcanzar ese abandono absoluto del alma previo a la perfecta contemplación e interior paz.

Hay que tener cuidado con lo que uno desea.

guia_espiritual

Es el mismo Molinos, de prosa algo seca, de frase corta pero muy precisa, incluso elegante, quien nos explica el asunto de su libro. Para los que vivimos… una vida amarga y desabrida, siempre inquietos y alterados, sin encontrar el camino de la paz… nos propone… desarraigar la rebeldía de nuestra propia voluntad. Un poco a la manera budista.

Tenemos que buscarel silencio en el bullicio, la soledad en el concurso, la luz en las tinieblas, el olvido en el agravio, el aliento en la cobardía, el ánimo en el temor, la resistencia en la tentación, la paz en la guerra y la quietud en la tribulación.

Explica Molinos en su Guía:

Tres maneras hay de silencio. El primero es de palabras; el segundo, de deseos, y el tercero, de pensamiento. En el primero, de palabras, se alcanza la virtud; en el segundo, de deseos, se consigue la quietud; en el tercero, de pensamientos, el interior recogimiento. No hablando, no deseando, no pensando, se llega al verdadero y perfecto silencio místico…

Cuando se ha alcanzado:

Estas felices y elevadas almas no se alegran de nada en el mundo, sino del desprecio, y de verse solas, y que todos las dejen y olviden. Viven tan despegadas que, aunque reciben continuamente muchas gracias sobrenaturales, no se mudan, ni se inclinan a ellas, más que si no las recibieran, conservando siempre en lo más íntimo del corazón una grande bajeza y desprecio de sí mismas, humilladas siempre en el abismo de su indignidad y vileza.

Pero no es fácil alcanzar este estado:

Te parecerán insuperables tus angustias e inconsolables aflicciones, y que el cielo ya no llueve sobre ti: te verás circuida de dolores, rodeada de tormentos internos, (…) te afligirán las vehementes tentaciones, las penosas desconfianzas y los modestos escrúpulos; hasta la luz y el juicio te desampararán.

Guía Espiritual de Miguel de Molinos

Molinos ejemplifica con una metáfora esta situación de tormento y éxtasis a la vez:

Estáse el valle obscurecido con densas tinieblas, fieras tempestades de piedra, de truenos, rayos y relámpagos, que parece un retrato del infierno; y en este mismo tiempo está el alto monte resplandeciente, recibiendo los hermosos rayos del sol, con paz y serenidad, quedando todo él como un cielo claro, pacífico y luminoso.

El camino es tan arduo que muy pocos son capaces de recorrerlo:

Consiste la interior soledad en el olvido de todas las criaturas, en el despego y perfecta desnudez de todos los afectos, deseos y pensamientos, y de la propia voluntad. Esta es la verdadera soledad, donde descansa el alma con una amorosa e íntima serenidad, en los brazos del sumo bien.

Solo hay una manera de hacerlo:

El camino para llegar a aquel alto estado del ánimo reforzado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada. Procura estar siempre sepultada en esa miseria. Esa nada y esa conocida miseria es el medio…

Cuando finaliza el libro, tras el Laus Deo, escribe:

Todo lo sujeto, postrado humildemente, a la corrección de la Santa Iglesia Católica Romana.

Que bien se encargó de hacerlo.

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