Barcas de pescadores en la playa

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Uno
De Panne era un pueblecito de pescadores situado en la costa de Flandes. Hoy es una ciudad turística donde veranean los belgas, franceses y británicos que no pueden escaparse al Mediterráneo. Es el punto más occidental del país y está muy cerca de la frontera con Francia. Si hubiera días claros, se podrían ver las costas de Dover.

Pero en tiempos pasados, eran las siluetas de unas peculiares y elegantes barcas de pesca, con sus velas tirantes y desplegadas, quienes salpicaban la línea del horizonte.

Eran las pannepot -los botes o barcas de De Panne-, y estaban fabricadas de esa manera porque, al carecer esta ciudad de puerto, debían ser poco profundas, muy llanas, para que pudieran así atracar con facilidad sobre la misma arena de la playa.

Las mismas olas las llevaban, y encallaban suavemente en la arena. Descargaban el pescado y, una vez terminada la tarea, los pescadores, mientras preparaban unas patatas con camarones, se tomaban tranquilamente una cerveza para matar la sed y entrar en calor. O varias.

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Dos
En 2001 tres jóvenes flamencos decidieron montar una microcervecería en Oosvleteren, muy cerca de De Panne. La llamaron De Struise Brouwers y empezaron a fabricar diferentes tipos de cerveza.

Una de ellas, de nombre Pannepot en honor de aquellas viejas barcas de pesca, intenta rememorar las oscuras cervezas que bebían los pescadores.

Es de un marrón tan oscuro y denso que parece negra, casi un café con su densa espuma tostada, casi color naranja. Cada año es distinta -se elabora, como los vinos, por añadas- y su espectacular y complejo sabor está potenciado por las especias que se utilizan para su fabricación.

Ahora, este invierno, disfruto despacio bebiéndola no fría, intentando atrapar toda una multitud de sensaciones y matices, con el paladar acariciado por su textura cremosa, intensa, plena. Y no estoy exagerando.

Dicen las notas de cata que huele y sabe a ciruelas, higos secos, pasas, dátiles, regaliz negro, cacao, café, moka, ron, vino de Oporto, vino tinto, chocolate amargo, malta tostada, avellanas, caramelo, bizcocho, nuez moscada, clavo, vainilla y canela. Tampoco exageran -creo que es cierto y que aún se les olvida algo- aunque yo no he podido distinguirlos. Simplemente me dejo llevar a última hora de la noche -es ideal para terminar-, a tragos muy cortos, mientras colocan las sillas encima de las mesas.

Regreso a casa con todas esas delicias instaladas en el cielo de la boca. La luna tiene esta noche el mismo color que la espuma de la Pannepot.

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Tres
En estos tiempos en los que ya no hay puertos seguros, la única manera de sobrevivir es la de poder moverse rápido, llevado solo por el viento, las velas desplegadas, en una embarcación ligera pero resistente, no muy profunda, que nos permita poder descansar en cualquier playa sin necesidad de diques ni de amarres.

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