Etiquetas sin etiquetas

Vivimos tiempos desproporcionados.

El otro día, por ejemplo, tuvo que cortar con cuidado estas tres etiquetas de la prenda en que venían. Eran molestísimas y ciertamente antiestéticas. Además, la prenda en cuestión tenía menos superficie de tela que la que ocupaban las etiquetas. Bien dispuestas, podrían incluso ocultarla.

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El despliegue de información, en estos tiempos y para todo -bueno, menos para lo verdaderamente importante-, es exhaustivo, minucioso, completísimo.

El lugar donde las hacen (sin hacer mención alguna a las condiciones en las que las hacen las personas que las hacen, sin entrar tampoco a considerar lo que les pagan por lo que hacen), los tipos de tejido con las que están hechas (¿cómo, una cosa tan pequeña, puede necesitar tantos tipos de tejidos?), los porcentajes de los distintos tipos de tejidos (que creo que cuadran, no me he parado a sumarlos), las recomendaciones de lavado, secado y planchado (¿planchado?, como no planche las etiquetas…), el nombre de la empresa propietaria con todos los códigos, números de referencia y de registro de los diferentes países en los que opera… Y todo traducido a tantos idiomas como los que utilizan en la ONU. O casi.

En una esquina de una de las tres etiquetas vienen unos simbolitos, bueno, unos no, vienen veinte simbolitos. Deberían incluir, ya puestos, una tabla explicativa o algo así para que se pudieran interpretar correctamente. Este dibujo significa esto y este otro, esto otro. Pero claro, no debían tener espacio. Y menos si lo tienen que traducir todo, otra vez, a tantos idiomas. Así que simbolitos.

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Pero ya que son tan exhaustivos, minuciosos y completísimos, podían, también, -deberían- explicar todo esto, otra vez, pero de las etiquetas -que, como dije, abultan casi más que la prenda en sí.

Porque no nos dicen si las etiquetas se pueden lavar en agua fría o caliente, si se puede utilizar lejía sin que se borren las letras, si se pueden planchar… Tampoco nos dicen de qué material están hechas. Ni si están fabricadas en el mismo lugar donde fabrican la prenda en cuestión.

Tal vez las importen de otro país porque tengan allí una fábrica que se dedique sólo a hacer etiquetas, seguro que les resulta mucho más barato. Aún. Últimamente gastan mucha tela en las etiquetas. No sé. Pudiera ser.

Debían traer entonces -también- unas etiquetitas más pequeñas, que nos informaran de todo esto, cosidas a las etiquetas. El comprador sabría a qué atenerse y compraría la prenda en cuestión con más seguridad.

Aunque en estos casos, te quedas mucho más tranquilo cuando coges la tijera y cortas, sin ninguna pena ni miramiento -más bien se diría que con cierta rabia e impaciencia- estas fastidiosas y desproporcionadas etiquetas, tan grandes como innecesarias.

Y que además vienen sin ninguna información acerca de dónde, cómo y de qué están hechas.

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2 comentarios sobre “Etiquetas sin etiquetas

  1. Pero luego habría que poner otras etiquetas a las segundas etiquetas y otras a las terceras y así sucesivamente hasta el infinito. Mejor cortar.

    1. Y tendría que llevar también una etiqueta la funda de la prenda, el soporte, y otra, la bolsa, y otra, el ticket (¿utilizan papel reciclado?)…

      Luego, al salir de la tienda, cuando ves un árbol en la calle te das cuenta de que ellos no necesitan etiquetas. (Bueno, salvo los que están en el Botánico. Ahí las ponen hasta en latín)

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