La irresponsabilidad de la belleza

flor

Tengo que reconocer que me dio un poco de vergüenza pararme a hacerle una foto a una flor mientras pasaban los coches y la gente. A una flor. En fin.

Tampoco es una buena foto, aunque, afortunadamente, tampoco es artística. Más bien tirando a sosa. Ni siquiera había buena luz. La tarde estaba bastante gris.

Entonces, ¿para qué me paré?

Están los almendros de mi barrio -hay bastantes- a punto de romper. Dentro de nada empezarán algunos brotes a abrirse del todo, y dentro de unos días estará todo blanco.

Pero todavía no había visto ninguna. No hay, todavía, ninguna flor. Salvo ésta, que además, era la única. El árbol, las ramas, están llenas de brotes, pero de los centenares que tiene, sólo una ha decidido abrirse. Da un poco nosequé verla tan sola.

Pero es bonita e irresponsable. Podía haber esperado unos días, unas horas, y haber florecido con las otras. Pero le dio por ahí.

Estará asombrada mirándolo todo por primera vez. Cuando reciba los primeros rayos del sol, se va a sentir como si fuera la única flor de almendro del mundo, como si ese calor y esa luz los hubieran fabricado especialmente para ella.

Y, en cierta manera, tendrá razón.

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2 comentarios sobre “La irresponsabilidad de la belleza

    1. He dudado un montón en publicar esta entrada. Me parecía cursi. Así que me alegra que te guste. Porque si gusta, no puede ser cursi. Gracias.

      Y es cierto, aunque le está costando, la primavera amenaza con venir de nuevo.

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