Salir al campo en busca de

Salir por la mañana y perderse en el campo. Salir por la mañana y no perderse en el campo. Salir al campo.

Salir al campo, a los sitios más recónditos, a los lugares que están más perdidos, a los que apenas llega nadie, salir a los sitios en donde se encuentran todas esas hierbas y frutos silvestres que durante siglos alimentaron a los que vivieron en estas tierras.

Ha estado a punto de perderse esa costumbre de salir al campo en busca de cosas que comer. Está más a mano la tienda de la esquina, el híper del pueblo de al lado. Ahora parece que se recupera esa costumbre de salir al campo, de perderse en el campo, durante unas horas, buscando esas hierbas y frutos silvestres.

Salir al campo en busca de hierbas y frutos silvestres que se puedan comer, tiene la doble ventaja de hacernos un poco más autosuficientes, al tiempo que recuperamos unos sabores reales.

Nos sentimos, además, un poco como aquellos individuos de hace miles de años que vivían por estas tierras antes de que empezara el ser humano a plantar, a hacerse sus pequeños huertos, a domesticar animales. Nos sentimos un poco como ellos, mucho antes de todo esto.

espárrago

Aunque nunca se abandonó del todo la costumbre de salir al campo en busca de espárragos trigueros, setas o criadillas de tierra. Conforman una especie de aristocracia de los productos silvestres, que son solicitados, buscados y consumidos de forma habitual. Incluso existe en torno a ellos un mercado al margen, de compra y venta, que funciona durante estos meses, cada año.

Otras plantas aromáticas, como el tomillo, el cantueso, el hinojo, el orégano o el almoraduj, también siguen utilizándose como aliño o aderezo, especialmente para las aceitunas.

Más inusual era, en estos tiempos, salir a buscar romazas, ajos porros, albanegas, acerones, verdolagas, cardillos, berros o tagarninas. Durante años, las romazas o los acerones que crecen en lugares húmedos, eran el único acompañamiento en los potajes de judías o garbanzos. Incluso se tomaban en ensalada, con un poco de aceite y una pizca de sal. O revueltos con huevo.

Ahora, de vez en cuando, alguien sale al campo en busca de romazas, cardillos o acerones. Otra vez.

Aunque los niños ya no salen a buscar moras.

Salir por la mañana y perderse en el campo. Andar durante horas. Conocer los lugares. Conocer las plantas. Distinguir las comestibles. Regresar a casa con un buen haz de ellas.

acerones

Una especie de partes comestibles de la naturaleza que durante algunos años -justo los que van desde la prehistoria a la posguerra- alimentaron a los que vivieron por estas tierras, y que ahora recuperamos en una cocina que no es nueva -es casi prehistórica- pero que es real, humilde, levemente amarga y absolutamente vegetal.

Y bastante barata. Solo tienes que salir por la mañana y perderte en el campo. Salir al campo.

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4 comentarios sobre “Salir al campo en busca de

  1. ¡Qué nombres/palabras tan bonitos: albanegas, acerones, verdolagas, cardillos, tagarninas, romazas! Espero no morir con la fustración de reconocer ese tipo de plantas comestibles.

    1. A mí me gusta especialmente la palabra almoraduj. Es alucinante. Y existe.
      Pero no te creas que las conozco todas. Solo algunas. Muy pocas. Ya me gustaría…
      Ya sabes que cuando uno escribe, exagera.

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