Poda

poda_olivos

Después de la cosecha viene la poda.

Cada dos o tres años conviene cortar las ramas más altas, las que apuntan hacia arriba y las que enmarañan la copa. Hay que clarear para que entre el sol en el interior del árbol, para facilitar el vareo el año siguiente y para evitar que las ramas tengan demasiado peso y se puedan tronchar un día de mucho aire.

Da un poco de pena verlos casi en su esqueleto, pero por muy severa que sea la poda, en uno o dos años, el olivo -como dicen por aquí- vuelve a vestirse.

Los restos, aun verdes, arden con celeridad. La ceniza de estas hogueras es un abono excelente para los pequeños plantones de olivo que continúan su lento crecimiento un poco más abajo.

El círculo de las estaciones se entrelaza con los otros círculos de la naturaleza. Hace unas semanas estuvimos recogiendo la cosecha. Ahora, se lo agradecemos al árbol cortando sus ramas con hachas y sierras. Él se siente aliviado.

Sabe que un olivo abandonado muere confundido por su propia exuberancia desordenada.

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