El próximo verano

racimo

Acaban de brotar los diminutos racimos de las vides. Las futuras uvas -del tamaño de una cabeza de alfiler- aparecen pegadas unas a otras. Tienen el aspecto de una fea excrecencia de la planta.

Muy pronto, el calor del sol las empujará a crecer hasta alcanzar esa majestuosa gravidez de las uvas ya formadas, del racimo que cuelga.

Tendrá que pasar -otra vez, de nuevo- un largo y cálido verano. Los días interminables, la luz, el calor, el cielo azul y los insectos zumbando.

Las uvas se empezarán a despegar unas de otras, empezarán a crecer separadas hasta alcanzar su forma definitiva. La luz del sol podrá ya atravesar cada una de ellas como si traspasase un cristal turbio o un líquido amniótico.

Aunque ellas -tan verdes, tan apretujadas y del tamaño de una cabeza de alfiler- no lo sepan, desde estos días de abril hasta mediados de septiembre, cada minuto de sol tendrá sentido.

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