Varia

A menudo, los escritos marginales fuera de la producción considerada canónica o central de un escritor resultan perfectos para descubrir y seguir, de manera más fiable, el rastro más personal del autor en cuestión.

Hace un montón de años leí una antología de poemas de Wislawa Szymborska que me dejaron frío, aburrido y perplejo. Ya sé que debe resultar un verdadero infierno -o un verdadero e inacabable entretenimiento- traducir poesía. Y si el original es en lengua polaca, pues ni te cuento.

Pero el que tradujo los poemas merecía que lo fusilaran. O que al menos que pasara una buena temporada en galeras. No hacía falta conocer el idioma original para darse cuenta de que era una traducción mecánica, rígida y, lo que es peor, sin alma. Los versos caían como trocitos de hierro sobre una superficie que ni siquiera se rompía.

Pero, como me ocurre cada vez más a menudo, no quería hablar de esto.

Al cabo de los años, y de manera casual, me he vuelto a encontrar con Wislawa.

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En una de esas librerías de segunda mano encontré este libro -sé que es una extraordinaria poeta y que el libro reúne algunas prosas suyas sin importancia y que debía intentarlo otra vez con su poesía y no perder el tiempo con estos escritos marginales suyos que nada aportan a la producción canónica o central de la autora, etcétera- pero este librito es el que me llevé, finalmente, a casa, no sin antes parar en los bares de siempre a tomarme unas cervezas.

Así he descubierto que no hay nada menos frío y aburrido que la manera de escribir de nuestra amiga. Es un prodigio de inteligencia y sencillez, cálida y escéptica al tiempo, lúcida siempre e irónica casi siempre, de una sabiduría desenfadada y un humor constante. Su escritura sencilla no es más que un puente tendido hasta el lector para que pueda recorrerlo en las dos direcciones.

Lecturas no obligatorias reúne pequeñas columnas aparecidas en periódicos o revistas. Tienen apariencia de reseñas pero no lo son. Son solo comentarios muy dispersos a propósito de libros, de libros que nunca se reseñan -ni aparecen- en los suplementos literarios.

Guías de todo tipo, libros de autoayuda, libros de divulgación científica o histórica, manuales y monografías absurdas… le sirven como pretexto para escribir. Porque como comenta:

Pronto me di cuenta de que no era capaz de escribir reseñas y que ni siquiera tenía ganas de hacerlo. Que en realidad soy, y quiero continuar siendo, una lectora amateur…

Así, cuando escribe acerca de una monografía en la que se explica cómo se construye un terrario, se pregunta¿por qué estoy leyendo este libro?– para reflexionar después:

Solo lo estoy leyendo porque, desde pequeña, me produce placer acumular saberes innecesarios. Y porque, después de todo, ¿acaso puede alguien saber de antemano qué será necesario y qué no lo será?

Siente también predilección por las guías de todo tipo -de viajes, de animales…- y por los libros de divulgación científica. Se vuelve a preguntar por qué los lee:

Entonces respondí que las publicaciones de este género nunca terminan ni mal ni bien, y que eso era justamente lo más me gustaba de ellas.

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Cuando escribe la reseña de un manual en el que se describen y explican los caracteres de la escritura chinaEl alfabeto chino– nos confiesa que:

Vivir en este mundo y no saber nada acerca de la escritura china es un sinsentido. Aunque continúe sin saber nada realmente fundamental tras su lectura, ese nada ha perdido todo su sentido primitivo y ha adquirido una profundidad socrática.

Por árido o absurdo que resulte un libro, siempre encuentras algo. Continúa acerca de los caracteres chinos:

Así, por ejemplo, el signo que designa tranquilidad se compone de tres elementos pictográficos: tejado, corazón y vasija. Es un poema microscópico en sí mismo.

Y hay más:

…hay un signo que representa a la esposa -una mujer y una escoba- y otro a la amante -una mujer y una flauta. Desconozco la existencia de un signo que represente el ideal al que nos conducen todas las revistas para mujeres: la fusión de la escoba y la flauta.

Wislawa -me niego a volver a escribir su apellido- nos lleva de la mano, de libro en libro, por lugares inesperados y que sin embargo tenemos tan cerca. En inmejorable compañía. Porque como ella misma dice:

Y una cosa más, lo digo de corazón: soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado.

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Las letras

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a
No escribo. Dibujo letras.

b
Los buenos escritores tienen mala letra incluso cuando escriben en el ordenador.

c
Las letras soportan cualquier caligrafía. Viven de ella.

d
Las letras bailan y toman sopa.

e
A las erratas les da igual una letra que otra.

f
Las letras tienen la extraña tendencia a agruparse en palabras.

Los números

números

1
Los números no mienten, engañan.

2
¿Tienen los números envidia de las letras?

3
Los números impares se ven a escondidas.

4
Nadie ha contado los números hasta el final.

5
Los números miran de reojo al cero.

6
Ya estamos en la cuenta atrás.
Esperemos que hayan empezado a contar en un número muy alto.

Una mínima coherencia

Sé que muchas veces, para vivir, es bueno dejar la lógica de lado, incluso resulta divertido -y hasta necesario- no ser coherente. Pero creo que esto que les voy a contar -y que leí en el periódico el otro día- no tiene nada que ver.

Esto no es lógico ni coherente, y mucho menos, divertido, no sé si necesario. El amor a los animales -o al menos, el respeto hacia ellos- resulta en este caso un tanto paradójico.

Pero el ser humano suele actuar así. Nuestra vida diaria está llena de comportamientos similares.

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Cuando el toro irrumpe en la plaza está aturdido, con miedo y furia a la vez. Todo le altera. Creo que intuye que va a morir. Su respiración se agita hasta el paroxismo. Mira hacia arriba y ve el cielo azul y redondo. Pero esto no le tranquliza.

Como tampoco se celebran tantas corridas -se pueden ya contar con los dedos de una mano, al cabo del año- la plaza permanece en silencio y vacía la mayor parte del tiempo.

Como en esta deliciosa población se cuentan hasta doce colonias formadas por cerca de ochenta parejas de cernícalo primilla -la única rapaz capaz de vivir en entornos urbanos- han pensado los responsables de eso que los políticos llaman medio ambiente, para favorecer la llegada de turistas amantes de la observación de pájaros, que no es mal lugar la plaza de toros para que aniden.

Aprovechando la rehabilitación de su cubierta, su limpieza y la colocación de nuevas tejas, han pensado en la instalación de cajas-nido para el anidamiento de los cernícalos primilla.

Con buen criterio y escrupuloso respeto a estas aves, han decidido los responsables de eso que los políticos llaman medio ambiente, retrasar las obras a julio o agosto, ya que ahora es época de cría y no se les puede molestar.

Más adelante, alguna tarde de las fiestas de agosto, el toro, caído en el suelo con la espada atravesada, mirará hacia arriba antes de morir, hacia ese cielo tan azul y tan redondo, pensando en que la vida, al menos para los que no son cernícalos primilla, carece no ya de lógica, sino de una mínima coherencia.

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Conócete a ti mismo, dicen,
como si eso fuera a solucionar algo,
cuando no, a empeorarlo.

Conócete a ti mismo, dicen,
sin advertirte de qué pueda pasar
si no te gusta lo que llegues a conocer.

Conócete a ti mismo, dicen,
como si no te conocieras de sobra.

El cielo

nube

Uno
Los pájaros no necesitan ningún mapa del cielo para volar.

Dos
Un lago, una laguna, una charca, una explanada llena de charcos, contienen el cielo, las nubes que pasan, el vuelo fugaz de algún pájaro.

Para romperlo basta con lanzar una piedra.

Tres
Decidieron, finalmente, pintar el cielo de azul. Tal vez ese color estaba de oferta.

¿Y si el cielo no fuera más que un falso techo?

Cuatro
El cielo tenía otro encanto visto desde el interior de un tranvía. Se movía más despacio.

Cinco
Era siempre una tentación. Conservar el globo o soltarlo para ver cómo ascendía, cada vez haciéndose más pequeño, hasta que se perdía y desaparecía en el cielo azul.

¿En qué momento soltamos el globo? ¿Asciende aún?

El cielo está lleno de globos que no se ven.

Seis
Los peces vislumbran un cielo líquido.

Siete
El cielo existe para que puedan viajar las nubes.