Cenizas en el río de la vida

¿Todo es una metáfora de algo? ¿A qué se debe esa inclinación inevitable a buscarle sentido a todo, a establecer relaciones absurdas entre cosas que nada tienen que ver entre ellas, a interpretar de manera estrambótica lo que sucede?

¿Es que, acaso, las cosas no pasan sin más?

Pero hay hechos o situaciones que provocan esas búsquedas de sentido, esas relaciones inventadas o esas interpretaciones traídas por los pelos.

 

urna

 

La mañana era espléndida para salir a remar sobre las tranquilas aguas del río. El ruido de las palas sobre la lámina de plata de la superficie líquida era un mantra perfecto e hipnótico. Pero, ya de regreso, la piragua topó contra un objeto extraño, de apariencia hermética. Parecía una urna funeraria.

El piragüista…

…sorprendido por lo que estaba viendo, decidió subirla a su barca y trasladarla a la orilla, desde donde telefoneó a las fuerzas de seguridad para que se hicieran cargo de ella. Una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía se desplazó a la zona y a los pocos minutos la vasija fue depositada en dependencias oficiales.

Ya en la comisaría descubrieron una inscripción con el nombre de la funeraria. Era de una localidad situada también a la orilla del río, unos sesenta kilómetros más arriba.

De todas maneras, era extraño.

A veces, siguiendo las instrucciones del finado, la familia acude a acantilados, ríos o picos de montañas, desde los que son aventadas las cenizas -para que se fundan con la naturaleza y blablablá.

Pero para ello, previamente, se abre la urna y se esparce el contenido. Lo que es extraño es que se tire todo junto. Tal vez tenían prisa. O no mucho aprecio al difunto. No sé.

Como no había ningún dato más…

…la única opción que quedaba a los agentes para tratar de obtener alguna pista que pudiera conducir al finado era abrir la vasija. Y así lo han hecho, aunque en el interior no han encontrado datos nuevos, puesto que sólo estaba llena agua.

Agua. Al final, solo somos agua, cuando no cenizas.

Entonces es posible que sí hubieran esparcido sus cenizas desde algún puente o alguna orilla y, después, haber tirado la urna ya vacía. Para qué la querían ya. Otro trasto más.

Desde la funeraria no se lo explican. Y aprovechan para añadir que, por si la familia no es partidaria de ver al difunto perderse en el aire en forma de cenizas, también existen -un poco más caras- urnas biodegradables que se deshacen al entrar en contacto con el agua.

La cuestión -bastante irrelevante, ya lo sé- es que el misterio de la urna funeraria que flotaba en el río, sigue sin resolverse.

¿Albergó los restos de alguien? ¿Hubo cenizas? ¿O fueron lanzadas al aire antes? ¿De quién son? ¿Fue en algún momento feliz?

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2 comentarios sobre “Cenizas en el río de la vida

  1. Muy sencillo, tiraron las cenizas con la urna, para a quién le pertenecían las cenizas estuviera más calentito, el agua estarían fría.
    Lo que no sabían es que el agua decidió colarse a dar le frío. El frio sepulcral que a todos nos corresponde cuando morimos.

    1. Es cierto. Siempre termina por colarse el agua.
      Pero da un poco igual. Aunque la urna no sea biodegradable, nosotros -nuestras cenizas, lo que quede- sí que lo somos.

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