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Archive for 30 junio 2014

1

No doy ninguna importancia a las estadísticas. Tampoco escribo pensando en ellas. Y tampoco hago nada por mejorarlas. Son cifras, es cierto, que indican algo. Pero sé que, a la larga, resultan irrelevantes. Y sé que ese algo que indican, también lo es.

Aunque lo mismo le pasaba a la zorra cuando concluyó, tan dignamente pero con el estómago vacío, que las uvas estaban verdes.

La cuestión es que ayer estuve a punto de alcanzar el grado cero de la escritura. Después de estar varios días rozándolo, conseguí algo que se le acerca bastante. Eran ya las 23:59 y en todo el día solo tuve una visita: 1.

visitante - copia

Puedo justificarme diciendo que prefiero tener pocos pero buenos lectores, antes que muchos y malos. O argüir que, al final, por muchos lectores que tenga el que escribe, lo hace, en realidad, para uno solo. O debería hacerlo como si escribiera para uno solo. Que el que lea se sienta único.

(Ayer, en mi caso, sí que fue único).

Aunque no sé qué hago -si es cierto que no doy ninguna importancia a las estadísticas- hablando de esto. Cuando lo hago, tengo la sensación de estar contemplando, con cierto oculto deseo, el agrio verdor de las uvas.

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hormiga2

La cigarra se pasó todo el verano trabajando. No paró un solo momento de acarrear grano. No tuvo ni tiempo de cantar.

La hormiga, cada vez que volvía de pasar toda la noche de juerga, se detenía a mirar cómo seguía azacaneando la cigarra, bajo un sol de mil demonios, y se tronchaba de la risa.

El día lo dedicaba a dormir y a recuperar fuerzas para la noche. Eran espléndidas las noches de verano. Qué trabajen las estúpidas cigarras, se decía mientras se acicalaba. Había que vivir la vida.

Los días pasaban y parecía que el verano no iba a acabar nunca. Pero llegó el invierno. Siempre llega el invierno.

El tiempo empezó a ser cada vez más frío y el campo estaba cada vez más mustio, apelmazado por las primeras heladas. No había apenas nada que llevarse a la boca. El invierno iba a ser muy largo.

En una de esas amanecidas especialmente gélidas, cuando la hormiga regresaba de una de sus farras nocturnas, cogió un mal aire y en menos de dos días entregó su -poco previsora- alma a Dios. Murió sola y nadie acudió a su entierro.

Los días eran cada vez más grises y más fríos. El aire soplaba como si se estuviera vengando.

Mientras, en su cálido rincón, tan lleno de grano que llegaba hasta el techo, la cigarra pasaba, melancólica, los días del largo y crudo invierno, pensando en cómo había desperdiciado los días del verano.

cigarra

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Motivos y temas

pencil

Motivos

Escribo por aburrimiento, por necesidad, por vanidad, por desesperación, por diversión, por nada en concreto, por hacer -un poco más- el tonto, por conocerme, por entretener, por pasar el rato, por matar el tiempo, por comunicarme, por aislarme, por alardear, por no saber hacer otra cosa, por pura insensatez, por no saber hablar, por joder un poco, por ansiedad, por autoconmiseración, por purgarme, por sentirme menos solo.

Temas

Son tantos los temas sobre los que escribir que, ahora mismo, no se me ocurre ninguno.

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Me gustaría escribir como un policía.

Me gustaría escribir como un policía que escribe el parte del día. Me gustaría escribir solo ese tipo de cosas. Lo intento, pero a las primeras de cambio me voy por las ramas, intento adornar lo que escribo de forma tan presuntuosa como innecesaria.

Por eso agradezco que en la prensa de provincias sigan incluyendo, de vez en cuando, cuando no tienen otra cosa o la mayoría de los redactores está de vacaciones, el parte de la policía. Con las cosas que han pasado en la pequeña ciudad.

Su escritura -quién lo iba a suponer- está llena de poesía. (Al menos, a mí me lo parece). No hay más que saber leer. Ah, y no tener prisa.

Lean, si no.

parte_policia

Parte de la policía local
INCENDIO. A primera hora de la tarde se produjo un incendio de pastos (…). Por la noche se produjeron otros dos incendios, también de pastos. A las 22.45 horas se registró uno (…) junto a la antigua fábrica de aceite. El origen parecía ser un ciclomotor al que, tras desguazarlo, le prendieron fuego en ese paraje.
TRAFICO. A las 15.55 horas tuvo lugar un accidente de tráfico (…).
ANIMALES. A las 18.40 horas, se retira una culebra en la calle Margallo. A las 20.40 horas, se colabora con bomberos para bajar un gato de un árbol (…).

Son pequeñas cosas que han pasado en la pequeña ciudad.

Una motocicleta a la que, tras desguazarla en un solar abandonado, junto a la antigua fábrica de aceite, prenden fuego, ocasionando un pequeño incendio al extenderse las llamas a los pastos secos. Un accidente de tráfico sin mayores consecuencias. Una culebra en la calle.

Un gato, subido a un árbol, que no quiere bajar.

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vilano

Un niño sopla y observa sorprendido y divertido cómo se deshace la flor y se pierden en el aire los pequeños filamentos. Es fantástico. No se rompen ni llegan a caer. Vuelan. Vuelan lejos en distintas direcciones.

Un niño se encuentra en un pequeño prado, agreste y con la hierba crecida, lleno de esas curiosas plantas que terminan en un peñacho redondo de delicados pelillos. Le parece ridículo cortar uno y soplar para ver cómo se deshace. Opta entonces por iniciar una carrera a través del pequeño prado, interrumpida a menudo para dar patadas y manotazos a todas esas plantas de cabeza peluda y suave. Corre y provoca un pequeño cataclismo. Es como si nevara.

Un niño lee un libro de botánica. Se aburre. Hasta que encuentra el dibujo de un vilano. Se acuerda de cuando -¿fue su madre?, ¿fue su hermano mayor?- alguien sopló delante de él un vilano para enseñarle cómo, por arte de magia, sólo con un pequeño soplido, hacía desaparecer la flor. Los pequeños hilillos volaban como diminutos paracaidistas, llevados al azar, por el viento. Lejos.

Un niño lee un libro de botánica, aburrido con tantas palabras en latín y otras muchas que no entiende. Hasta que encuentra el dibujo de un vilano. Se entera de que cada filamento le sirve a la planta para dispersar, a una buena distancia, las pequeñas semillas que le acompañan. De esa manera viajan. Apenas están sujetas a la flor y, gracias a cualquier brisa -o al soplo o a la patada de un niño-, son transportadas por el viento.

Son tan livianas que no se rompen, simplemente flotan en el aire y se dejan llevar por el viento. Como si fueran respuestas.

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fuego

Si el fuego quema,
el hielo también quema.
El fuego quema
con un calor tan intenso
que parece que hiela.
Porque el hielo también quema,
con un frío tan intenso
que parece que quema.
No hay más que ver
cómo en el infierno
no hay más que fuego y hielo,
hielo en el fuego que hiela
y fuego en el hielo que arde.

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escarabajo meloideo

Ni sabía que esto fuera un escarabajo, ni sabía que los escarabajos pudiesen volar. Toda una vida aprendiendo cosas -cosas idiotas e ininteresantes- para comprobar a diario que el tamaño de mi ignorancia es de dimensiones oceánicas.

Porque, efectivamente, no tengo ni idea.

Pensé que era una mariquita un poco grande y alargada. Hasta aquí llegan mis conocimientos. Como para muchas otras cosas -y para cosas más trascendentes- son limitados, aproximados y equivocados. Pero tras consultar en esto de internet, me entero de que estoy ante un Mylabris quadripunctata, más conocido como escarabajo meloideo.

La verdad es que esto que cuento no es importante ni interesante, pero te pones a curiosear y siempre encuentras algo para pasar el rato.

Estos bichos, un poco como los turistas, viven en verano -de junio a septiembre- en todo el sur de Europa, especialmente en prados soleados, cunetas, bordes de caminos y matorrales con flores. Porque, según dicen los que saben de estas cosas, viven y duermen encima de ellas. Tranquilamente posados sobre las bamboleantes flores, meciéndose con la brisa y pegándose, mientras tanto, unos buenos hartazones de polen.

Un poco como los turistas.

También cuentan los que saben de estas cosas que las crías de este escarabajo se alimentan de la puesta de varias especies de saltamontes. Esperan a que eclosionen los huevos y se zampan estas pequeñas larvas, tan tiernas y sabrosas.

Glups.

La coloración roja con puntos negros -como la máscara o la cara de los personajes más maléficos y satánicos de muchos cómics y películas- sirve para avisar a los posibles predadores de que su hemolinfa -qué bonita palabra-, un líquido equivalente a la sangre en el cuerpo humano, es muy tóxica.

Cuando están en peligro, se hacen mala sangre y la segregan.

Pero lo que no recordaba -o no sabía- es que los escarabajos también pueden volar. Son, al fin y al cabo, coleópteros, que etimológicamente es una palabra compuesta por dos términos griegos, koleos -caja o estuche- y pteron -ala.

Y es cierto, tienen sus alas guardadas -protegidas- en un estuche que se abre y se cierra. (¿Lo ven? Siempre encuentras algo interesante -bueno, dejémoslo en curioso- para pasar el rato)

Aunque no todos, sí que la mayoría de los coleópteros pueden volar. Muchos de ellos lo hacen solo si es imprescindible. Otros, tienen los élitros soldados y las alas atrofiadas, lo que les inhabilita para hacerlo.

Pero la mayoría sí que es capaz de volar. Zumban cuando lo hacen como un avión de carga escaso de combustible. Y vuelan tan torpemente, con tan poca destreza, que resulta enternecedor, un poco ridículo.

Pero vuelan.

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