Cuento real

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La princesa besó con asco a una rana. Su piel estaba recubierta de una gelatina viscosa y fría. Perpleja -la rana– saltó de nuevo a la charca. La princesa era ya muy mayor para creer en cuentos. Y sin embargo…

Las aguas, un rato después, volvieron a estar en calma.

 

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La princesa dormitaba sobre la hierba. Una rana pasó tan cerca de ella que la besó a hurtadillas. La princesa, aunque sintió frío en la boca, no se despertó del todo. Se removió un poco. La rana, asustada, saltó de nuevo a la charca. Ya en el agua, pensó que no debía haberlo hecho, que era muy mayor para creer en cuentos.

La princesa siguió durmiendo sobre la hierba.

 

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La princesa besó al príncipe con asco. Sus labios estaban fríos. El príncipe siempre -incluso de niño- fue muy mayor. No creía en cuentos. Se removió un poco como si le incomodara y la princesa se asustó. Estaba acostumbrada a estar asustada.

Sabía que las aguas nunca volverían a estar en calma.

 

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2 comentarios sobre “Cuento real

  1. Prefiero besar a un sapo, como ya soy muy mayor y no creo en cuentos sé que nunca se convertirá en principe, jamás besaría a un principe porque me daría mucho asco y miedo a que se convirtiera en rey.

    1. Ja, ja, ja…

      El único príncipe que resulta interesante -además del de Beckelar- es el de las Tinieblas.

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