Perdices. Otro cuento real

perdices

Eran tan felices que no hacían más que comer perdices.

Desayunaban una perdiz cada uno; a media mañana, unos muslitos de perdiz para matar el hambre; a la hora de comer, otra vez perdices; merendaban, luego, perdices; y de cena, más perdices. Asadas, fritas, estofadas, en escabeche… Con distintas salsas, con distintos acompañamientos, pero siempre perdices.

Eran tan felices que no comían otra cosa. Todo el día, todos los días. Perdices.

perdices

Con el tiempo empezaron a mirar el plato, antes de empezar a comer, con un pequeño gesto apenas apreciable. Ya no se abalanzaban sobre ellas como al principio. Pasaban unos largos -y embarazosos- segundos antes de que empezaran a dar cuenta de las perdices.

Mientras las comían, se miraban y sonreían felices, pletóricos de felicidad y con la bandeja en el centro de la mesa llena de perdices, muchas perdices, perdices de sobra.

Pero de la comisura de los labios o, tal vez, de una arruga del párpado, seguía suspendido ese gesto inapreciable.

perdices

Era asombroso y magnífico. Seguían siendo tan felices que seguían comiendo perdices a todas horas. En los restaurantes ni les ofrecían la carta ni les preguntaban qué iban a comer. Ya sabían que eran felices.

Nunca se les vio un mal gesto. Había que fijarse mucho -o, acaso, ser muy mal pensado- para descubrir esa mueca extraña que se adivinaba en sus rostros -en la comisura de la boca o en una pequeña arruguita de los párpados- cuando veían sobre la mesa el plato rebosante de perdices. Otra vez perdices.

Nunca se lo confesaron el uno al otro, pero había noches en las que soñaban que se comían una sardina.

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4 comentarios sobre “Perdices. Otro cuento real

    1. Aunque conozco tus inclinaciones gastronómicas y no estarás de acuerdo conmigo, la verdad es que unas buenas perdices -bien preparadas- son un bocado exquisito.

      Gracias por comentar. (Y por sonreír mientras lees)

  1. Las únicas que no eran felices eran las perdices…….. y colorin colorado las perdices salieron volando….

    1. Ellas saben que no es obligatorio ser feliz. Qué pesadez.

      Prefieren estar tranquilas y volar libres.

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